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Compartir un contenido cristiano con una persona que no cree

Felipe acaba de encontrar a Jesús. Corre hacia su amigo Natanael y le dice que ha hallado a aquel de quien hablan Moisés y los profetas. Natanael, escéptico, responde con una duda: «¿De Nazaret puede haber algo de bueno?» La respuesta de Felipe es de una sencillez asombrosa: «Ven y ve.» Esta misión te propone hacer lo mismo con un contenido: un testimonio, un vídeo, un pódcast, un artículo.

Cómo se ve en tu día

Compartir un contenido cristiano es decir: «He descubierto algo que me ha tocado y creo que podría hablarte.» Así puedes hacerlo con discernimiento:

  1. Piensa en la persona. ¿Qué le interesa? ¿Qué preguntas se hace? ¿Qué prueba está atravesando? Un contenido debe responder a su sed, no a la tuya.
  2. Elige un contenido corto y accesible. Un vídeo de diez minutos, un pódcast de media hora, un testimonio escrito de una página. Evita los sermones largos, la jerga y los ambientes muy «de iglesia».
  3. Prefiere las historias. Un testimonio de vida toca más que una exposición.
  4. Acompáñalo con unas palabras personales. «Pensé en ti al escuchar esto, por lo que me contaste de tu padre.»
  5. Deja libertad. «Sin ninguna obligación. Si algún día te apetece hablar de ello, aquí estoy.»

Ejemplos de contenidos: el testimonio de un deportista o de un artista, un pódcast sobre el sentido de la vida, un vídeo corto sobre la vida de Jesús, un artículo sobre cómo vivir un duelo, una canción que te emocionó.

Si vas con prisa, envía el enlace con una frase. Si eres tímido, un mensaje escrito es más fácil que una conversación. Si la persona no se siente cómoda con la fe, empieza por un contenido humano (un testimonio de superación) que no sea explícitamente religioso.

Lo que dice la Biblia

Esta es la escena:

«Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: á Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Ven y ve.»

La respuesta de Felipe no es un discurso: invita a la experiencia. Un contenido compartido hace lo mismo: abre una puerta, sin forzar. Pablo, por su parte, describe su método para acercarse a la gente:

«Por lo cual, siendo libre para con todos, me he hecho siervo de todos por ganar á más. Heme hecho á los Judíos como Judío, por ganar á los Judíos; á los que están sujetos á la ley (aunque yo no sea sujeto á la ley) como sujeto á la ley, por ganar á los que están sujetos á la ley; A los que son sin ley, como si yo fuera sin ley, (no estando yo sin ley de Dios, mas en la ley de Cristo) por ganar á los que estaban sin ley. Me he hecho á los flacos flaco, por ganar á los flacos: á todos me he hecho todo, para que de todo punto salve á algunos.»

Se adapta a cada uno: se hizo a los judíos como judío, a los que están sujetos a la ley como sujeto a la ley, y a todos se ha hecho todo, «para que de todo punto salve á algunos». Elegir un contenido que hable a la sensibilidad del otro es una aplicación de este principio.

Las trampas que debes evitar

Enviar en masa. El mismo enlace enviado a veinte contactos es propaganda. Un mensaje personal para una sola persona vale mucho más.

Insistir. Si la persona no reacciona, no vuelvas a escribirle. Quizá lo miró, quizá no: déjale espacio.

Elegir según tus gustos. Lo que a ti te conmovió no tiene por qué conmover al otro. Adapta tu elección a su mundo.

Usar el contenido como argumento. «Mira, esto responde a todo lo que me dijiste» suena a demostración. Propón, no demuestres.

Compartir sin haberlo visto. Antes de enviarlo, comprueba que el contenido sea serio, respetuoso y fiel a la línea común de la fe.

Hoy, piensa en una persona y en un contenido que podría hablarle. Envíaselo con unas palabras personales.

¿Listo para ponerlo en práctica?

Cada día, Mathétès te propone misiones concretas para crecer como discípulo, gratis. Esta misión te está esperando.

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