Enseñar un texto a los tuyos: leer la Biblia en casa
Muchos creyentes se sienten a gusto leyendo la Biblia a solas o en la iglesia, pero muy pocos se atreven a hacerlo en casa, con las personas que aman. Sin embargo, es uno de los lugares donde la fe se transmite de manera más duradera. Esta misión semanal te propone quince minutos para leer y explicar un pasaje a tu familia o a tus allegados.
Cómo se ve en tu día
No hace falta ser pastor ni maestro. Se trata de compartir sencillamente un texto, como se comparte una comida. Este es un esquema de quince minutos:
- Elige un momento tranquilo: después de cenar, una tarde de domingo, por la noche antes de acostar a los niños.
- Elige un pasaje corto y vivo. Un relato del Evangelio, una parábola, un salmo. Con niños, prefiere las historias.
- Léelo en voz alta, o pide que lo lea otra persona.
- Explica en tres frases. Lo que dice el texto, lo que muestra de Dios, lo que pide o promete.
- Haz una pregunta abierta. «¿Qué te ha llamado la atención?» «¿Qué habrías hecho tú en lugar del personaje?»
- Escucha las respuestas, aunque sean desconcertantes.
- Terminad con una oración corta. Una frase basta, dicha por ti o por otra persona.
Si vives solo, puedes hacerlo con un amigo, un vecino, o por teléfono. Si tu familia no es creyente, propón un texto sencillo y abierto, y deja que cada uno sea libre de participar. Si vas con prisa, cinco minutos valen más que nada. Si eres tímido, prepara unas palabras de antemano.
Lo que dice la Biblia
Moisés da esta consigna al pueblo, antes de su entrada en la tierra prometida:
«Y las repetirás á tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes:»
Fíjate en que la enseñanza no se limita a una clase: se hace en casa, en el camino, al acostarse y al levantarse. Es la enseñanza de lo cotidiano, mediante la conversación. El propio rey David aconseja a sus hijos que lo escuchen (Salmos 34:11), y en la carta a Timoteo, Pablo recuerda la fe de su abuela y de su madre, que lo alimentó (2 Timoteo 1:5).
La transmisión es, pues, un hilo de generación en generación. Los niños oyen lo que dicen sus padres, pero más aún lo que viven. Leer un texto juntos es enseñar con el ejemplo.
Las trampas que debes evitar
Dar un sermón. En una familia, un monólogo cansa pronto. Mantén momentos cortos, interactivos, concretos.
Imponer. Obligar a alguien a participar suele producir el efecto contrario. Propón, invita, respeta las negativas.
Sentirte incompetente. No necesitas saberlo todo. Decir «No lo sé, lo buscaremos juntos» es una bonita lección.
Dar lecciones de moral. Evita convertir el texto en una lección de conducta dirigida a alguien en particular («Ves, deberías hacer como él»). El texto habla a todos, tú incluido.
Esperar resultados rápidos. La transmisión es un trabajo de largo aliento. Las semillas sembradas hoy dan fruto a veces dentro de diez o veinte años.
Esta semana, elige un pasaje y un momento. Léelo con tu familia o tus allegados y haz una pregunta.