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Escribir tu testimonio en tres frases: todos los testimonios que Dios te ha dado

Cuando se habla de «testimonio», muchos piensan en la historia de su conversión. Es valiosa, pero no es la única. Cada vez que Dios ha actuado en tu vida (un perdón, una sanidad, una paz recuperada, una oración respondida, una dirección dada), tienes un testimonio. Esta misión te propone escribirlos, cada uno en tres frases.

Cómo se ve en tu día

Un testimonio corto sigue un hilo muy sencillo:

  1. Antes. ¿Cuál era mi situación? ¿Qué me pesaba, me faltaba, me inquietaba?
  2. El encuentro. ¿Qué hizo Dios? ¿Cómo lo viví? ¿Qué ocurrió concretamente?
  3. Después. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué vivo hoy?

Este es un ejemplo, para la conversión: «Tenía la sensación de tener éxito en la vida, pero me sentía vacía. A los veintisiete años, una colega me invitó a un grupo, y allí sentí por primera vez que alguien me esperaba. Hoy conozco una paz que no encontraba en ninguna parte.»

Y para otro testimonio: «Cuando murió mi padre, estaba enfadada con Dios. Acabé diciéndole todo mi enfado una noche, y fue la primera vez que lloré. Ya no estoy enfadada, y sé que no estaba sola.»

Haz este trabajo con todos tus testimonios: la conversión, pero también cada momento en que Dios te ha alcanzado. Haz una lista de cinco o seis y luego escribe tres frases para cada uno. Según la persona que tengas delante, elegirás el más elocuente: un colega en duelo quizá se sienta más tocado por el segundo que por el primero.

Si vas con prisa, empieza por uno solo. Si eres tímido, este trabajo es privado: te prepara sin exponerte. Si eres un nuevo creyente, tu testimonio es reciente pero muy real.

Lo que dice la Biblia

La Biblia invita varias veces a contar lo que Dios ha hecho:

«ALABAD á Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. Dígan lo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo,»

«Díganlo los redimidos de Jehová»: el testimonio es una palabra de gratitud, dirigida a los demás. Tras su encuentro con Jesús, Pablo recibe esta misión:

«Porque has de ser testigo suyo á todos los hombres, de lo que has visto y oído.»

Será testigo suyo ante todos los hombres de lo que ha visto y oído, no de lo que ha adivinado. Un testimonio es una experiencia, no una teoría. Y en el libro de los Salmos, el autor afirma: «Oh Dios, enseñásteme desde mi mocedad; y hasta ahora he manifestado tus maravillas» (Salmos 71:17): se pueden tener varios testimonios, en varias edades de la vida.

Las trampas que debes evitar

Quedarte solo con la conversión. Es la tentación más frecuente. Pero Dios ha actuado muchas otras veces en tu vida. Ampliar tu lista enriquece tu palabra y la hace más pertinente.

Embellecer o dramatizar. Conserva la verdad de lo que has vivido, con sus matices. Un testimonio honesto toca más que un relato demasiado perfecto.

Culpabilizarte si tu historia es «ordinaria». No tienes que tener un recorrido espectacular. Una paz recuperada, un perdón, una presencia sentida son testimonios.

Hablar en jerga religiosa. Cuenta con las palabras de todos los días. «El Señor me tocó» es menos claro que «Sentí que alguien estaba conmigo».

Olvidar el presente. Un testimonio no se queda en el pasado: di también lo que cambia hoy.

Hoy, escribe tres frases para un testimonio. Esta semana, prueba con un segundo.

¿Listo para ponerlo en práctica?

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