Interceder por un oponente: orar por quien se te opone
Algunas personas se te oponen: un competidor, un colega que te denigra, un vecino con quien el conflicto se prolonga, una persona que critica todo lo que haces. Desearle el bien parece contra natura. Sin embargo, es lo que pide Jesús. Esta misión te propone nombrar a esa persona ante Dios y pedir el bien para ella.
Cómo se ve en tu día
Esta oración se dirige a un oponente, es decir, a alguien cuyos actos o palabras van en contra de tus intereses, de tu trabajo o de tus valores. Así puedes hacerlo:
- Nómbralo. Dile su nombre a Dios, tal cual. No digas «esa persona».
- Di lo que sientes, con honestidad. «Señor, estoy enfadado con él. Me hizo perder un proyecto.» Dios ya lo sabe. No hagas teatro.
- Pide el bien, de forma concreta. No una bendición abstracta: «Dale salud, paz en su familia, éxito en lo que es justo.» Lo que no es justo, no tienes por qué bendecirlo.
- Pídele a Dios que te ayude a comportarte bien, haga lo que haga.
- Deja la justicia a Dios. «Te entrego lo que es injusto. A ti te toca juzgar.»
La oración suele cambiar la mirada antes de cambiar la situación. Quizá veas a la persona de otra manera: cansada, asustada, herida.
Si vas con prisa, una frase basta: «Señor, bendice a [nombre].» Si eres tímido, puedes escribirla. Si solo sientes enfado, empieza por decírselo a Dios: una oración de enfado ya es una oración.
Lo que dice la Biblia
El salmista, él mismo rodeado de adversarios, describe una reacción asombrosa:
«En pago de mi amor me han sido adversarios: mas yo oraba.»
«En pago de mi amor me han sido adversarios: mas yo oraba»: ante la hostilidad, ora. El libro de Proverbios va más lejos: llama a hacer el bien de forma concreta:
«Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed, dale de beber agua: Porque ascuas allegas sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará.»
Dar de comer al enemigo que tiene hambre es lo contrario de la venganza. Y el mismo libro advierte contra la alegría malsana: «Cuando cayere tu enemigo, no te huelgues» (Proverbios 24:17-18). Pablo retoma estas dos ideas en la carta a los romanos (Romanos 12:20-21), concluyendo que hay que vencer con el bien el mal.
La historia de David y Saúl muestra una aplicación conmovedora: David tiene ocasión de matar al rey que lo persigue, lo perdona (1 Samuel 24:7-8) y deja la justicia a Dios.
Las trampas que debes evitar
La oración de fachada. «Señor, bendícelo» dicho con los dientes apretados, sin pensarlo, no sirve de mucho. Di más bien tu verdadero enfado y luego pide la ayuda de Dios.
La oración-venganza. «Hazle ver lo que me hizo» no es una intercesión. Los salmos contienen a veces peticiones así, pero el Nuevo Testamento nos llama a otra cosa.
Orar en lugar de hablar. A veces la oposición pide una conversación. La oración puede preparar un encuentro, no sustituirlo.
Olvidar protegerte. Orar por alguien que te perjudica no impide poner límites, denunciar un abuso o buscar consejo.
Creerte mejor. Piensa que tú también puedes ser el oponente de alguien. Eso vuelve la oración más humilde.
Hoy, nombra a un oponente ante Dios. Di lo que sientes y luego pídele el bien para esa persona.