La llamada de un discípulo: lo que Jesús pide dejar
«Sígueme.» Dos palabras, dichas a orillas de un lago o ante la mesa de un cobrador de impuestos, y unas vidas cambian de dirección. Esta misión te invita a leer un relato de llamada y a mirar de cerca lo que dejó quien respondió. No es una prueba: es un espejo.
Cómo se ve en tu día
Elige un relato de llamada:
- Mateo 4:18-22: Pedro, Andrés, Santiago y Juan dejan sus redes y, dos de ellos, a su padre.
- Mateo 9:9: Mateo abandona su banco de recaudación de impuestos.
- Juan 1:43-51: Felipe, y luego Natanael, vienen a Jesús.
Mientras lees, anota:
- Cómo llama Jesús. ¿Con una palabra, una mirada, un gesto? El primer movimiento viene de él.
- Lo que el discípulo deja. Un oficio, unos ingresos, una seguridad, una familia, una reputación. Cada llamada tiene un precio.
- Lo que el discípulo recibe. Una misión, una compañía, una dirección. Jesús no solo pide dejar, ofrece seguir.
- La rapidez de la respuesta. A menudo es asombrosamente rápida, pero supone que el discípulo ya conocía algo de Jesús.
Luego vuelve la mirada hacia ti: ¿qué me llama Jesús a dejar en este momento? No necesariamente un oficio: un hábito, un rencor, un miedo, una comodidad. Escribe una frase honesta sin condenarte.
Si vas con prisa, un relato de diez versículos basta. Si eres tímido, el espejo sigue siendo interior. Si estás en plena prueba, recuerda que la llamada de Jesús es también una invitación a estar con él.
Lo que dice la Biblia
Esta es la llamada de Simón y Andrés, a orillas del mar de Galilea:
«Y pasando junto á la mar de Galilea, vió á Simón, y á Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.»
«Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres»: Jesús habla su lenguaje (son pescadores) y les ofrece un futuro. No los arranca de lo que son, los transforma. «Luego, dejadas sus redes, le siguieron»: la respuesta es inmediata.
En la misma región, Jesús pasa ante un hombre sentado al banco de los públicos tributos, un oficio detestado, y le dice sencillamente: «Sígueme» (Mateo 9:9). Nada indica que Mateo fuera un modelo moral. Jesús lo llama tal como es. La llamada no depende de tu pasado, sino de quien llama.
Las trampas que debes evitar
Pensar que hay que dejarlo todo. No todos los discípulos dejaron su oficio: Jesús llama a cada uno a su manera. Algunos vuelven a casa para dar testimonio. Lo esencial es la dirección del corazón.
Culpabilizarte. Si te dices: «No he dejado nada por él», corres el riesgo de encerrarte en la vergüenza. La llamada de Jesús es una invitación, no un reproche.
Idealizar la respuesta de los discípulos. Esos mismos hombres dudaron, huyeron, negaron. Jesús no los llamó porque fueran perfectos.
Buscar un gran sacrificio. Muchos esperan una llamada espectacular. A veces lo que Jesús pide dejar es discreto: una manera de hablar, un orgullo, un hábito.
Olvidar la alegría. Seguir a Jesús no es solo una renuncia: es un descubrimiento. Recuerda lo que has recibido al seguirlo.
Hoy, lee un relato de llamada. Anota lo que el discípulo deja y lo que recibe, y luego escribe una frase sobre ti.