Orar por la Iglesia de tu país
Probablemente conoces tu iglesia local. Pero detrás de ella hay una Iglesia mucho más grande: miles de comunidades, de todas las sensibilidades, repartidas por tu país. Una vez al mes, esta misión te invita a levantar la vista y a presentarla delante de Dios.
Cómo se ve en tu día
Tómate un tiempo más largo de lo habitual, de diez a quince minutos. Puedes ayudarte de una lista para ir recorriéndola:
- Por la unidad. Que las iglesias de distintas tradiciones aprendan a respetarse y a cooperar.
- Por los responsables. Pastores, capellanes, responsables de jóvenes, misioneros. Muchos están cansados, a veces aislados.
- Por los jóvenes y los niños. Para que descubran a Jesús y su fe crezca.
- Por las iglesias que lo pasan mal. Las que son pequeñas, envejecidas, divididas o están en zonas difíciles.
- Por la valentía. Que los cristianos se atrevan a vivir y a decir su fe, con mansedumbre, allí donde están.
- Por la integridad. Que la Iglesia sea fiel, honesta y cuide de los más frágiles.
También puedes informarte un poco: ¿cuál es el rostro de la Iglesia en tu país? ¿En qué regiones es débil? ¿Qué iniciativas están en marcha? Unos minutos de lectura en un sitio de información cristiana bastan para alimentar tu oración.
Si vas con prisa, elige un solo tema (la unidad, por ejemplo) y ora unos minutos. Si estás empezando, pasa de un tema a otro con sencillez, sin intentar ser exhaustivo.
Lo que dice la Biblia
Pablo pide a menudo a los creyentes que oren unos por otros, y no solo a nivel local. Escribe a la iglesia de Colosas:
«Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias: Orando también juntamente por nosotros, que el Señor nos abra la puerta de la palabra, para hablar el misterio de Cristo, por el cual aun estoy preso,»
Y añade a los tesalonicenses (2 Tesalonicenses 3:1): «que oréis por nosotros, que la palabra del Señor corra y sea glorificada». Es una oración de difusión: que el Evangelio avance.
Cuando Pablo ora por las iglesias, suele mezclar acción de gracias y petición. Por los efesios, da gracias por su fe y su amor (Efesios 1:15-16): podemos empezar por lo que la Iglesia hace bien en tu país antes de hablar de sus carencias.
El propio Jesús oró por los que creerían por la palabra de sus discípulos:
«Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste.»
Esta oración abarca a todos los creyentes a través de los siglos y de las fronteras: la Iglesia de tu país forma parte de esa familia que Jesús llevaba en su oración.
Las trampas que debes evitar
El triunfalismo. Orar por la Iglesia no significa considerarla mejor que las demás. Ora con humildad, reconociendo sus fragilidades.
El pesimismo. En el extremo contrario, algunos solo ven el declive, los escándalos, las divisiones. Ora por la sanación, pero también con gratitud por lo que está vivo.
La comparación. Si comparas tu iglesia con otras, corres el riesgo de ser crítico o envidioso. La oración ayuda a ver la Iglesia como un cuerpo en el que cada uno tiene su lugar.
La sensación de lejanía. Una oración por «la Iglesia del país» parece abstracta. Para hacerla concreta, añade un nombre: una ciudad, un pastor que conozcas, una obra que apoyes.
El hábito automático. Una oración mensual puede volverse rutinaria. Toma un tema nuevo cada vez, para mantener el corazón despierto.
Este mes, aparta quince minutos. Elige dos o tres temas de la lista y ora por la Iglesia de tu país, con nombres y situaciones concretas.