Participar en una salida de evangelización o en una acción solidaria de tu iglesia
Muchas iglesias organizan salidas de evangelización (reparto de folletos, charlas en la calle, mesas de oración) o acciones solidarias (visitas nocturnas a quienes viven en la calle, reparto de comidas, ayuda a personas mayores). Esta misión mensual te propone tomar parte en una de ellas, junto con los demás.
Cómo se ve en tu día
Si tu iglesia propone una acción así, esta es una manera de aprovecharla:
- Infórmate. Lugar, horario, desarrollo, papel que desempeñar. No dudes en hacer preguntas al responsable.
- Elige un papel adecuado a ti. No tienes por qué estar en primera línea. Puedes repartir bebidas, acompañar a alguien con más experiencia, orar aparte, ayudar a cargar el material, hacer de enlace con las personas. Cada papel cuenta.
- Ora antes. A solas o con el grupo: por las personas que vais a encontrar, por quienes os recibirán, por ti.
- Ve con sencillez. Sonríe, escucha, sé respetuoso. Si no sabes qué decir, un «Hola, ¿cómo está?» ya es un buen comienzo.
- Haz balance después. ¿Qué viviste? ¿A quién conociste? ¿Qué te tocó o te sorprendió?
Si tu iglesia no organiza nada, proponlo a tu responsable: un grupo puede organizar una acción sencilla, como repartir café caliente una mañana de invierno.
Si vas con prisa, una hora basta. Si eres tímido, prefiere una acción solidaria (ayuda, cocina, acogida) antes que una charla en la calle. Si estás empezando, pide que te acompañe alguien con experiencia.
Lo que dice la Biblia
El propio Jesús envió a sus discípulos juntos, nunca solos:
«Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde él había de venir. Y les decía: La mies á la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros á su mies.»
Fíjate: «de dos en dos». No hay héroes aislados. Anunciar el Evangelio es un trabajo en equipo, y Jesús empieza pidiendo que se ore por obreros. La acción y la oración van de la mano. Santiago, por su parte, insiste en la fe que actúa:
«Y si el hermano ó la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará? Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma.»
Una fe que no se traduce en hechos ante las necesidades concretas queda vacía. Las acciones solidarias de la iglesia son una manera de poner en práctica lo que dice Santiago. Jesús ya lo recordaba: que vuestra luz alumbre delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre (Mateo 5:16).
Las trampas que debes evitar
Ir por obligación. Si vas arrastrándote a regañadientes, pierdes lo esencial. Si todavía no te sientes preparado, empieza por una acción solidaria en lugar de un encuentro en la calle.
Reducir a las personas a un objetivo. No pienses «Aquí hay almas que convencer»: son personas a las que amar. No repartas un folleto como quien tira un papel.
Forzar la conversación. Si alguien no quiere hablar, respétalo. Una sonrisa y un «Que tengas un buen día» bastan.
Vivir la acción solo como un acontecimiento. Una acción puntual da más fruto si tiene continuidad: volver a ver a una persona que conociste, mantener el contacto con una asociación, comprometerte a largo plazo.
Servir solo para que te vean. El objetivo no es exhibir tu buena conciencia, sino servir y dar testimonio.
Este mes, infórmate de lo que hace tu iglesia. Apúntate a una acción y prepárate orando.