Alabar con un canto: cantar como se ora
A menudo se canta en la iglesia sin pensar: se sigue la melodía, se lee la letra en la pantalla, se piensa en otra cosa. Esta misión te propone hacer de tu canto una verdadera oración: elegir un canto, cantarlo despacio, pensando en cada palabra, como si se lo dijeras a Dios cara a cara.
Cómo se ve en tu día
Elegir un canto. Un canto cuya letra te guste, que te ayude a decirle algo verdadero a Dios. Puede ser un himno antiguo, un canto de alabanza moderno, un salmo puesto en música. Elige uno que hable de Dios más que de ti.
Leer primero la letra. Antes de cantar, léela como un texto: ¿qué dice cada frase? ¿A quién se dirige? ¿Qué versículo bíblico la alimenta? Muchos cantos se inspiran directamente en los salmos.
Cantar despacio, una frase a la vez. Deja que llegue el sentido. Si una frase te engancha, repítela. Puedes detenerte en una palabra y quedarte.
Cantar a Dios, no para un público. El canto se convierte en oración cuando está dirigido. Imagina que cantas ante él, a solas, en una habitación.
Prolongar con un silencio. Al final, deja un momento sin ruido. Lo que has cantado puede asentarse.
Puedes hacerlo con una grabación, una aplicación o a capela. Elige un lugar en el que te sientas a gusto: en casa, en el coche, en una habitación aislada.
Si vas con prisa, un canto de tres minutos basta. Si eres tímido, canta en voz baja. Si no conoces cantos, pídele a tu iglesia que te proponga algunos títulos, o toma un salmo sencillo que puedas cantar con una melodía improvisada.
Lo que dice la Biblia
El Salmo 95 es una invitación directa a cantar:
«VENID, celebremos alegremente á Jehová: cantemos con júbilo á la roca de nuestra salud. Lleguemos ante su acatamiento con alabanza; aclamémosle con cánticos.»
«Venid, celebremos alegremente á Jehová: cantemos con júbilo»: el canto se presenta como un movimiento hacia Dios, con alegría. Tras la travesía del mar Rojo, Moisés y el pueblo cantan un cántico:
«ENTONCES cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico á Jehová, y dijeron: Cantaré yo á Jehová, porque se ha magnificado grandemente, echando en la mar al caballo y al que en él subía. Jehová es mi fortaleza, y mi canción, y hame sido por salud: éste es mi Dios, y á éste engrandeceré; Dios de mi padre, y á éste ensalzaré.»
Ese canto nació de una experiencia: habían visto lo que Dios había hecho. Un canto sincero nace de lo que se ha vivido con él. El autor de la carta a los Hebreos habla de «sacrificio de alabanza» (Hebreos 13:15), fruto de labios que confiesen su nombre: cantar es ofrecer algo.
Las trampas que debes evitar
Cantar en piloto automático. Si te das cuenta de que has cantado tres estrofas sin pensar, empieza de nuevo más despacio.
Elegir solo cantos que hablan de ti. «Estoy cansado, estoy en camino» es verdad, pero la alabanza mira primero a Dios. Alterna.
Hacer del talento una condición. Dios no escucha la afinación. Un canto torpe cantado de todo corazón vale más que una bella interpretación distraída.
Depender de un ambiente. Cantar a solas, sin música ni grupo, es diferente. Acepta esa sencillez.
Olvidar el sentido. Algunos cantos tienen letras muy imaginativas o teológicas. Si no entiendes, busca o cambia de canto.
Hoy, elige un canto de alabanza. Lee la letra y luego cántalo despacio, como una oración dirigida a Dios.