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Animar a un responsable de tu Iglesia con unas palabras precisas

Los responsables de iglesia reciben muchas peticiones, comentarios, preguntas, críticas. Las palabras de ánimo son más raras. Muchos acaban pensando que su trabajo pasa inadvertido. Unas palabras sinceras y precisas pueden devolverles el aliento durante semanas. Esta misión te propone escribir esas palabras a un responsable de tu Iglesia.

Cómo se ve en tu día

Elegir a la persona. El pastor, un anciano, un responsable de alabanza, de jóvenes, de niños, de acogida, de grupo de hogar, un tesorero. Piensa en alguien de quien te has beneficiado.

Observar lo que ha sido útil. Un mensaje que te habló, una decisión valiente, un acompañamiento, una oración, una organización fluida, una presencia en una prueba.

Escribir unas palabras precisas. Algunos elementos:

  1. El hecho. «El domingo, cuando explicaste ese pasaje, comprendí algo que nunca había visto.»
  2. El efecto. «Me ayudó a atravesar una semana difícil.»
  3. La gratitud. «Gracias por el tiempo que dedicas a preparar esos mensajes.»
  4. Una bendición. «Oro para que Dios te dé fuerza y alegría.»

Elegir el canal. Una tarjeta manuscrita tiene un peso especial. Un mensaje o un correo es más fácil. Lo importante es hacerlo.

Mantenerte sobrio. No mezcles el ánimo con una petición o una crítica. Guarda esos temas para otro momento.

No esperar nada a cambio. El responsable no tiene que responder.

Si vas con prisa, bastan tres líneas. Si eres tímido, escribir es lo ideal. Si tienes una crítica que formular, hazlo en otro momento, con respeto. Piensa también en la familia del responsable: su cónyuge y sus hijos cargan a menudo, en silencio, con una parte del peso. Unas palabras que los incluyan, o un detalle concreto (una comida, un servicio), suelen ser lo más apreciado. No olvides tampoco a los responsables de quienes nadie habla: los que trabajan en la sombra, lejos de los focos.

Lo que dice la Biblia

Pablo pide a los tesalonicenses que reconozcan a quienes los dirigen. A Timoteo le escribe:

«Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.»

«Doblada honra»: incluye el respeto, el sustento material y el reconocimiento. Escribe también a los filipenses acerca de Epafrodito, que arriesgó su vida por la obra de Cristo:

«Recibidle pues en el Señor con todo gozo; y tened en estima á los tales: Porque por la obra de Cristo estuvo cercano á la muerte, poniendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio.»

«Recibidle pues en el Señor con todo gozo; y tened en estima á los tales»: la honra a quienes sirven es una consigna apostólica. A los corintios les dice igualmente: «Reconoced pues á los tales» (1 Corintios 16:18).

Las trampas que debes evitar

La adulación. Un cumplido exagerado suena falso. Mantente verdadero y preciso.

Mezclar ánimo y petición. «Gracias por todo, y por cierto, ¿podrías…» estropea el mensaje.

Esperar sentirte capaz. Se cree que hace falta un gran momento para escribir. Unas palabras corrientes bastan.

Idealizar al responsable. Es humano, con sus cansancios. Darle las gracias no significa olvidar sus límites.

Hacerlo solo una vez. Un ánimo regular, aunque sea espaciado, pesa más que un acontecimiento aislado.

Hoy, escribe unas palabras precisas a un responsable de tu Iglesia.

¿Listo para ponerlo en práctica?

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