Mathétès

Apoyarte en el Espíritu: pedirle al Consolador que te sostenga hoy

Hay días que se ven venir con aprensión: una reunión tensa, una conversación difícil, una prueba que se alarga. Nos armamos de voluntad, apretamos los dientes. Jesús prometió otra cosa a sus discípulos: una ayuda que no los abandonaría. Esta misión te propone apoyarte en ella, de forma concreta, hoy.

Cómo se ve en tu día

Releer la promesa. Juan 14:16-17: Jesús anuncia que rogará al Padre que dé «otro Consolador», que se quedará para siempre con sus discípulos. La palabra griega traducida por «Consolador» designa literalmente a alguien que es llamado a tu lado: un abogado, un apoyo, un acompañante.

Elegir una dificultad concreta. No toda tu vida: una cosa de hoy. «Esa llamada a mi madre.» «Esa exposición de las tres.» «Ese cansancio que no se va.» «Esa tentación que vuelve por la noche.»

Pedir. «Espíritu Santo, estás a mi lado. No quiero afrontar esto solo. Sostenme, dame lo que necesito: calma, palabras justas, fuerza, discernimiento.» Dilo antes, no solo después.

Acordarte a lo largo del día. En el momento difícil, basta una frase: «Espíritu Santo, cuento contigo.» No es una fórmula mágica, es una mirada.

Fijarte por la noche. ¿Qué ha pasado? ¿Una calma inesperada, una palabra llegada en el momento justo, una paciencia que no sabías que tenías? Da gracias, aunque sea por una pequeña señal.

Esta misión se distingue de pedirle al Espíritu que hable o de orar con él: aquí, el objetivo es recordarte que no estás solo ante una dificultad concreta y sacar de ahí ayuda.

Si vas con prisa, dos frases: una por la mañana, otra en el momento clave. Si eres tímido, es una oración sencilla, sin puesta en escena. Si dudas de lo que cambia, prueba un día y observa.

Lo que dice la Biblia

Esta es la promesa de Jesús en el Evangelio de Juan:

«Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros.»

«Otro Consolador»: hay, pues, un primero, Jesús mismo, y un segundo, el Espíritu, que toma el relevo. Dos puntos llaman la atención: permanece «para siempre» con los creyentes, y permanece en ellos. La promesa no es una visita ocasional, sino una presencia. Jesús dice también que el Espíritu recordará lo que él enseñó (Juan 14:26), y Pablo habla del Espíritu que nos ayuda en nuestra flaqueza (Romanos 8:26). El profeta Isaías había resumido la actitud que hay que adoptar: «No temas, que yo soy contigo» (Isaías 41:10).

Las trampas que debes evitar

Esperar sensaciones. La ayuda del Espíritu suele pasar por vías ordinarias: un paso atrás, una paciencia, una idea. No condiciones tu confianza a una experiencia espectacular.

Creerte dispensado de actuar. Apoyarte en el Espíritu no significa no preparar nada. Prepara tu reunión, tu exposición, tu conversación. El Espíritu sostiene a quien se compromete.

Hacer del Espíritu una herramienta. No es un recurso que utilizar, sino una persona con quien vivir. Mantén el tono de la relación.

Desanimarte por un día «fallido». Aunque hayas tropezado a pesar de tu oración, el Espíritu no se ha ido. Retoma mañana.

Enfrentar a los creyentes. Los cristianos tienen sensibilidades distintas sobre el Espíritu. Quédate en lo que Jesús prometió a todos.

Hoy, nombra una dificultad concreta. Pídele al Consolador que te sostenga y da gracias esta noche por lo que hayas notado.

¿Listo para ponerlo en práctica?

Cada día, Mathétès te propone misiones concretas para crecer como discípulo, gratis. Esta misión te está esperando.

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