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Bendecir en vez de replicar a un comentario hiriente

Alguien te lanza una pulla delante de todos. Tu cuerpo reacciona antes que tu cabeza: se te cierra la garganta, te sube la réplica. En esos segundos tienes la opción de devolver el golpe o de responder de otra manera. Esta misión te propone ejercitarte, hoy, en responder con una palabra buena.

Cómo se ve en tu día

Bendecir no es fingir insensibilidad, ni doblegarse ante la injusticia. Es negarse a devolver mal por mal y decir, en su lugar, una palabra que hace bien. Algunas situaciones y algunas respuestas posibles:

Tres gestos para prepararte: respira antes de responder (bastan tres segundos), di por dentro a Dios «Ayúdame», y luego elige una respuesta corta y sin veneno. Si el comentario es realmente injusto, podrás rectificarlo más tarde, con calma. Bendecir no te impide poner un límite.

Si vas con prisa, quédate con esto: no respondas nunca en el primer minuto. Si eres tímido, responder con suavidad suele ser más fácil que replicar con fuerza. Si eres de reacciones rápidas, es un entrenamiento en el dominio de ti mismo.

Lo que dice la Biblia

Pablo establece el principio sin rodeos:

«No paguéis á nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar á la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.»

Fíjate en el final: «No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.» Replicar es dejarse vencer, porque nos volvemos semejantes a quien nos hirió. Responder con el bien es conservar la libertad. Pedro recuerda el ejemplo de Jesús:

«Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente:»

Jesús, maldecido, no retornaba maldición. No callaba por debilidad, sino que «remitía la causa al que juzga justamente»: confiaba la justicia a Dios. Esa confianza libera de la obligación de defenderse a toda costa. Y la palabra de Jesús, recogida por Lucas, es nítida: bendecid a los que os maldicen (Lucas 6:28).

Las trampas que debes evitar

Confundir bendecir con dejarse aplastar. Bendecir no significa aceptar que te maltraten de forma repetida. Si una persona es violenta o humillante de manera duradera, protégete y pide ayuda.

La réplica disfrazada. Una frase como «Te perdono, ¿sabes?, aunque no te lo merezcas» es un ataque educado. Una bendición verdadera no contiene lecciones.

Tragarte la rabia. Si no dices nada y rumias, la rabia se queda. Háblalo con Dios, luego con una persona de confianza, y vuelve con el otro si es útil.

Juzgarte cuando te desbordas. Te pasará que repliques de todos modos. Pide perdón y vuelve a empezar. El objetivo es avanzar, no acertar siempre.

Creerte un santo. Bendecir es un entrenamiento diario, no una medalla. Conserva la humildad.

Hoy, prepara una respuesta buena para el primer comentario hiriente que recibas. Respira primero, y luego di una frase sin veneno.

¿Listo para ponerlo en práctica?

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