Trabajar con rectitud: sin redondear una cifra ni inflar un resultado
En el trabajo, la tentación rara vez es espectacular. Adopta la forma de una cifra redondeada a nuestro favor, de un resultado presentado un poco mejor de lo que es, de una tarea declarada terminada cuando no lo está del todo. Esta misión te propone hacer tu tarea del día con honestidad, sin maquillaje.
Cómo se ve en tu día
La rectitud en el trabajo se juega en los detalles. Estas son algunas situaciones concretas:
- Las horas. Declarar el tiempo realmente trabajado, sin contar la pausa alargada ni la charla personal.
- Las cifras. Presentar los resultados tal como son, incluso cuando son peores de lo previsto.
- Los plazos. Anunciar un retraso en lugar de decir «Está casi listo».
- Los errores. Señalar un error en cuanto se ve, en lugar de esperar que nadie lo note.
- Los recursos. No llevarse material, no usar los recursos de la empresa para un uso personal sin autorización.
- Las relaciones. Reconocer el trabajo de los demás en lugar de atribuirse el mérito.
Para tu día, elige una zona y aplícala: «Hoy doy una cifra exacta, aunque sea peor.» Si eres estudiante, puede significar entregar un trabajo personal, citar tus fuentes, no inflar tus referencias. Si eres autónomo, es facturar lo justo.
Si vas con prisa, quédate con esto: una cifra exacta, un error reconocido, un plazo realista. Si eres tímido, la rectitud suele ser silenciosa: no pide grandes discursos, solo una manera constante de hacer las cosas, día tras día.
Lo que dice la Biblia
El libro de Proverbios vuelve varias veces sobre las balanzas trucadas:
«EL peso falso abominación es á Jehová: mas la pesa cabal le agrada.»
En aquella época, se pesaba la plata y las mercancías en balanzas. Una balanza falsa permitía engañar al comprador. Dios la declara «abominación». Este principio de justicia en los intercambios ya está inscrito en la ley de Moisés:
«No hagáis agravio en juicio, en medida de tierra, ni en peso, ni en otra medida. Balanzas justas, pesas justas, epha justo, é hin justo tendréis: Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto.»
Y el profeta Miqueas resume lo que Dios pide:
«Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.»
Practicar la justicia, amar la misericordia, andar humildemente: tres exigencias que se viven en lo cotidiano, también en el trabajo. Las pesas y las medidas de tu época son tus cifras, tus horas, tus facturas, tus informes.
Las trampas que debes evitar
Justificarte con «todo el mundo lo hace». Las prácticas habituales no son necesariamente honestas. Mantén tu propia medida.
La rigidez excesiva. Rectitud no significa meticulosidad. No se trata de justificarlo todo al segundo, sino de no engañar voluntariamente.
El orgullo. Ser honesto no te da un rango superior. Mantén la humildad con los compañeros que hacen las cosas de otra manera.
Denunciar sin pensar. Si descubres una deshonestidad en un compañero, no la hagas pública a la ligera. Busca consejo, habla primero con la persona si es posible.
Desanimarte ante la presión. A veces la rectitud cuesta: un contrato perdido, una crítica. Ten presente que la integridad vale más.
Hoy, detecta una ocasión de ser exacto en tu trabajo (cifra, hora, plazo). Elige la verdad.