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Rechazar un atajo fácil: elegir el camino recto

Un atajo es tentador: ahorra tiempo, dinero o esfuerzo. Un compañero te sugiere «inflar un poco» una cifra, un estudiante copia una respuesta, un artesano propone no declarar una cantidad. Esta misión te propone detectar esos momentos hoy y elegir el camino recto.

Cómo se ve en tu día

Los atajos deshonestos no se presentan con cuernos. A menudo van vestidos de obviedad: «Todo el mundo lo hace», «Nadie se enterará», «Es por una buena causa». Algunos ejemplos cotidianos:

Tres gestos te ayudan a decir no:

  1. Detéctalo pronto. En cuanto pienses «Nadie se enterará», detente: es una señal de alarma.
  2. Elige la opción correcta, aunque sea más lenta. Tómate el tiempo de hacer tú mismo tu trabajo, de reconocer un error, de pedir una autorización.
  3. Asume el coste. A veces hay un precio: un retraso, un reproche. Acéptalo con calma.

Si vas con prisa, quédate con esto: hazte la pregunta «¿Estaría tranquilo si se supiera?» Si eres tímido, puedes decir simplemente: «Prefiero hacerlo bien.»

Lo que dice la Biblia

El libro de Proverbios describe el resultado de los dos caminos:

«El que camina en integridad, anda confiado: mas el que pervierte sus caminos, será quebrantado.»

«El que camina en integridad, anda confiado»: quien no tiene nada que ocultar puede avanzar tranquilo. Otro proverbio subraya la fragilidad de la ganancia mal adquirida:

«Disminuiránse las riquezas de vanidad: empero multiplicará el que allega con su mano.»

El propio Jesús se enfrentó al atajo por excelencia. En el desierto, el diablo le propone todos los reinos de la tierra, sin pasar por la cruz:

«Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy: Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos. Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás.»

Jesús lo rechaza citando la Escritura: «A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás.» Elige el camino largo, el de la obediencia. Cada atajo es una versión en miniatura de esa tentación: alcanzar un bien sin pasar por el camino de Dios.

Las trampas que debes evitar

Decirte que no tiene importancia. Un pequeño atajo acostumbra a tomar otros. La integridad se forja en los detalles (Lucas 16:10).

Creerte más puro que los demás. Puedes negarte sin juzgar a quienes aceptan. Conserva la humildad: tú también tienes tus fallos.

No distinguir eficacia y deshonestidad. Buscar ganar tiempo no es malo en sí. Lo que cuenta es el medio: si se hace trampa, se rodea.

Hacerlo por gloria. Rechazar un atajo no es una ocasión para hacerte admirable. Hazlo con sencillez.

Culparte por los atajos pasados. Si has tomado alguno, reconócelo y corrígelo si es posible. El perdón está disponible, y la gracia te ayuda a cambiar.

Hoy, si se presenta una facilidad deshonesta, di no y haz las cosas bien.

¿Listo para ponerlo en práctica?

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