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Copiar un versículo a mano: ir más despacio para retener mejor

Tecleamos, copiamos y pegamos, deslizamos el dedo por la pantalla. Copiar un versículo a mano parece casi de otra época. Sin embargo, es una práctica que cambia la lectura: cuando se escribe una palabra, uno está obligado a verla. Esta misión te invita a hacerlo, con un simple bolígrafo.

Cómo se ve en tu día

Necesitas un papel, un cuaderno, una tarjeta y un bolígrafo. Cinco minutos bastan. Así puedes hacerlo:

  1. Elige un versículo. Puede ser el de tu lectura del día, o uno que te guste o que quieras retener.
  2. Escríbelo despacio, palabra tras palabra. Cuida tu letra, o no: lo que cuenta es no ir demasiado deprisa.
  3. Fíjate en lo que cambia. Algunas palabras te saltan de pronto a la vista: un verbo, una negación, un adjetivo.
  4. Añade la referencia (libro, capítulo, versículo) y, si quieres, la fecha.

Puedes ir más lejos: dibujar un pequeño marco alrededor, colorear una palabra clave o componer una tarjetita para meter en tu cartera, en la nevera o en tu agenda. Algunos lo convierten en un gesto matutino: un versículo copiado cada día durante un mes forma un pequeño repertorio personal.

Si vas con prisa, copia al vuelo en un rincón de tu agenda. Si no te gusta tu letra, no es un concurso: nadie la verá. Si estás empezando, comienza con un versículo corto: «Jehová es mi pastor; nada me faltará» es una buena elección.

Lo que dice la Biblia

La Biblia conoce muy de cerca esta práctica. El rey de Israel debía escribir para sí una copia de la ley:

«Y será, cuando se asentare sobre el solio de su reino, que ha de escribir para sí en un libro un traslado de esta ley, del original de delante de los sacerdotes Levitas; Y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda á temer á Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de aquesta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra:»

Un rey, con todas sus ocupaciones, debía copiar la Ley de su propia mano y leerla todos los días de su vida. ¿El objetivo? Aprender a temer a Jehová. Copiar es, pues, una manera de empaparse, no solo de leer.

El libro de Proverbios emplea una imagen cercana, la de la escritura en el corazón:

«Lígalos á tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón.»

Lo que se escribe a mano pasa más fácilmente del papel al corazón. Y Moisés pedía al pueblo que pusiera las palabras de Dios en el corazón y en el alma y que las atara como señal en la mano (Deuteronomio 11:18-19): la idea de una palabra que se mantiene ante los ojos, casi físicamente.

Las trampas que debes evitar

Copiar sin leer. Se puede hacer perfectamente una copia mecánica, con la cabeza en otra parte. Más vale menos palabras y más atención. Pronuncia el versículo en voz baja mientras lo escribes.

El perfeccionismo caligráfico. Si te pasas el tiempo empezando de nuevo porque una letra ha quedado mal, pierdes lo esencial. Un tachón no hace daño.

Citar mal. Comprueba la puntuación, las palabras, la referencia. Los errores de copia son frecuentes. Relee una vez para comparar con el texto original.

Acumular sin releer. Un montón de papelitos que nunca se releen no ayuda. Colócalos donde los vas a ver: en la nevera, en el espejo del baño, en el salpicadero.

Convertir este gesto en una prueba de piedad. No es una hazaña que contar, es una ayuda para la memoria y el corazón.

Hoy, toma un bolígrafo y un papel. Copia un versículo sin prisa. Y luego mantenlo ante tus ojos.

¿Listo para ponerlo en práctica?

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