Leer un pasaje y anotar el versículo que te toca
Mucha gente quiere leer la Biblia más a menudo y se detiene a los tres días: demasiado largo, demasiado abstracto, no queda nada. Esta misión te da un método muy sencillo para que cada lectura deje huella: leer un pasaje y luego anotar un versículo que te toque.
Cómo se ve en tu día
Toma un pasaje de tamaño razonable: quince a veinte versículos, un capítulo corto, un relato del Evangelio. Estos son los tres tiempos:
- Pídele primero a Dios que abra tu comprensión. Una frase basta: «Señor, háblame por este texto.»
- Lee el pasaje hasta el final. Sin detenerte en cada palabra que no entiendas.
- Localiza el versículo que te engancha. No el más «bonito»: el que te incomoda, te sorprende, te consuela o te plantea una pregunta. Subráyalo, o escríbelo en un cuaderno o una nota del teléfono, con su referencia.
Luego añade una frase: ¿por qué ese? «Este versículo me tocó porque estoy estresado y habla de paz.»
Para un principiante, el Evangelio de Marcos o de Juan es un buen punto de partida: lee un pasaje por día, por ejemplo Marcos 1 y luego Marcos 2. Si vas con prisa, cinco minutos bastan: lee diez versículos, anota un versículo. Si un texto largo te intimida, recuerda que no tienes que comprenderlo todo: un solo versículo retenido vale más que un capítulo recorrido por encima.
Lo que dice la Biblia
Pablo explica por qué la lectura de la Escritura tiene valor para nosotros:
«Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.»
Las cosas que antes fueron escritas, «para nuestra enseñanza fueron escritas». Estas palabras antiguas tienen, pues, un alcance para ti, hoy, y producen paciencia, consolación y esperanza, lo que todos necesitamos.
El salmista dice también que la lectura tiene un efecto de luz:
«El principio de tus palabras alumbra; hace entender á los simples.»
«El principio de tus palabras alumbra; hace entender á los simples»: no hace falta ser sabio para leerla. El sencillo, quien no ha hecho estudios, puede comprender lo esencial. Y Jesús afirma que la palabra de Dios es un alimento:
«Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios.»
No se come un capítulo entero de golpe: se come un bocado cada vez. Un versículo anotado cada día es como una comida sencilla que alimenta.
Las trampas que debes evitar
Buscar el versículo «perfecto». No pases diez minutos dudando. Toma el que te salte a los ojos, aunque parezca banal. Mañana elegirás otro.
Sacarlo de su contexto. Un versículo anotado sigue siendo un fragmento de un pasaje más amplio. Ten presente lo que dice el texto antes y después, para no hacerle decir lo que no dice.
Caer en la superstición. Abrir la Biblia al azar y tomar el primer versículo como un oráculo no es el método. Lee un pasaje coherente, en orden.
Abandonar tras un día fallido. Si fallas un día, no lo has perdido todo. Retoma mañana con el mismo pasaje o el siguiente.
Acumular sin releer. Una nota del teléfono con cincuenta versículos nunca releídos no sirve de nada. Relee de vez en cuando tus versículos: es un tesoro.
Hoy, toma un capítulo corto, léelo y anota el versículo que te toca, con una frase para decir por qué.