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El examen de conciencia de la noche: repasar tu día ante Dios

Al final del día, todo se ha diluido: ya no sabemos muy bien lo que hemos hecho, dicho o sentido. El examen de conciencia de la noche es una práctica cristiana muy antigua: tomarse diez minutos para repasar el día en presencia de Dios. No para juzgarse, sino para ver con claridad.

Cómo se ve en tu día

Ponte en un lugar tranquilo, al borde de la cama o en un sillón. Dile unas palabras a Dios: «Señor, mira mi día conmigo.» Luego, en cuatro tiempos cortos:

  1. Agradecer. ¿Qué ha ido bien? ¿Qué beneficios has recibido?
  2. Revisar. Repasa tu día como una película, desde que te despertaste hasta ahora. ¿Dónde estabas cerca de Dios? ¿Dónde te alejaste?
  3. Reconocer. ¿Hay una palabra, una actitud, un pensamiento de los que no estés orgulloso? Nómbralo sin buscarte excusas ni flagelarte.
  4. Recomenzar. Pide perdón por lo que corresponda, recíbelo y pide ayuda para mañana.

Un ejemplo: «Fui seco con mi colega esta mañana. Le había prometido ayudarla y se me olvidó. En cambio, tuve un verdadero momento de paz durante el paseo del mediodía. Gracias. Perdón por mi impaciencia. Mañana le voy a ofrecer mi ayuda.»

Si vas con prisa, bastan dos minutos: una cosa que agradecer, una cosa que lamentar. Si empiezas, no intentes repasarlo todo: elige un momento del día que se te quede en la cabeza. Si eres tímido en la oración, puedes escribir unas líneas en un cuaderno.

Lo que dice la Biblia

La Biblia invita a esta mirada honesta sobre uno mismo, pero siempre ante Dios, nunca a solas frente al espejo:

«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.»

Fíjate: el salmista no dice «Me examino», dice «Examíname, oh Dios». Es Dios quien ilumina, no nuestra propia autocrítica, a menudo injusta o demasiado severa.

El profeta llama también a un proceso colectivo y lúcido, que desemboca en un regreso a Dios y no en una condena:

«Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos á Jehová.»

En el Nuevo Testamento, Pablo invita a examinarse (2 Corintios 13:5) para comprobar la propia fe. Y el Salmo 4 ofrece una hermosa imagen de la noche: «conversad en vuestro corazón sobre vuestra cama, y desistid» (Salmos 4:4).

Las trampas que debes evitar

El tribunal interior. El examen de conciencia no es un juicio. Si, tras diez minutos, te sientes aplastado, es que lo has hecho mal. Debe terminar con la gracia, no con la condena. Dios, por su parte, ya es «misericordioso y clemente» (Salmos 103:8).

Buscar faltas a toda costa. Algunas noches no habrá nada grave que señalar. No te inventes pecados, pero da gracias.

Quedarte en lo negativo. El primer paso es la gratitud, porque el bien recibido también es una verdad de tu día. Un examen que solo ve los fallos está desequilibrado.

Quedarte a solas con lo que pesa. Si descubres que arrastras algo más grave, un conflicto, un hábito, una vergüenza, no dudes en hablarlo con una persona de confianza. El examen te sirve para ver, no para cargar a solas.

Esta noche, antes de dormir, inténtalo: un gracias, una mirada honesta, un perdón, un nuevo comienzo. Cinco minutos bastan.

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