Orar por los gobernantes de tu país, incluso cuando no estás de acuerdo
Se habla mucho de los gobernantes, a menudo para criticarlos. Se ora raramente por ellos. Sin embargo, la Biblia lo pide con claridad, incluso en una época en que los gobernantes eran hostiles a los cristianos. Esta misión te invita a dar ese paso.
Cómo se ve en tu día
Orar por los gobernantes no depende de tu partido, de tu voto ni de tu opinión sobre su política. Puedes estar en profundo desacuerdo con alguien y orar sinceramente por él. Estas son algunas pistas para estructurar tu oración:
- Por su sabiduría. «Señor, dales discernimiento para las decisiones difíciles.»
- Por su justicia. «Que las leyes protejan a los más frágiles.»
- Por su salud y su familia. Son personas, con hijos, cansancios, duelos.
- Por su corazón. «Que te encuentren, o que estén cerca de ti si ya te conocen.»
- Por la paz del país. «Que podamos vivir con tranquilidad.»
Puedes elegir un nombre (el jefe del Estado, el alcalde de tu ciudad, un diputado) u orar por la función en general. Si vas con prisa, aprovecha las noticias de la mañana: cuando salga una información sobre el gobierno, conviértela en una oración de diez segundos. Si te cuesta expresarte, usa simplemente estas palabras: «Señor, te encomiendo a quienes dirigen.»
Lo que dice la Biblia
Pablo escribe a un joven responsable de iglesia, en una época en que el emperador romano no era precisamente benévolo:
«AMONESTO pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, hacimientos de gracias, por todos los hombres; Por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.»
Fíjate en dos cosas. Primero, la oración es «por todos los hombres», y especialmente por los reyes y las autoridades. Después, el objetivo es concreto: que podamos vivir una vida tranquila. No es solo por ellos, es también por el bien común.
En el libro de Proverbios encontramos una imagen impactante:
«COMO los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová: á todo lo que quiere lo inclina.»
Eso no significa que Dios apruebe todo lo que hacen los gobernantes, sino que sigue siendo soberano, incluso sobre quienes no lo conocen. Puedes orar con esa esperanza.
Y el profeta Jeremías escribe a los exiliados en Babilonia, en una ciudad extranjera, que busquen el bien de esa ciudad:
«Y procurad la paz de la ciudad á la cual os hice traspasar, y rogad por ella á Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.»
Pablo afirma también que las autoridades están establecidas por Dios (Romanos 13:1), lo cual no significa que siempre tengan razón, sino que tienen un papel que desempeñar.
Las trampas que debes evitar
Orar para que gane tu bando. La oración no es una papeleta de voto. No le pidas a Dios que «dé la razón» a tu partido: pídele sabiduría para quienes deciden.
Orar con desprecio. Se puede usar perfectamente una oración para ajustar cuentas: «Señor, ábrele los ojos, que entienda por fin lo tonto que es.» Eso no es oración, es un chisme dirigido al cielo.
Desentenderte de la vida pública. Orar no te dispensa de informarte, de votar, de comprometerte si estás llamado a ello. Pero el orden importa: primero la oración, para que la acción no la guíe la rabia.
Abstenerte por asco. Algunos se dicen: «No merecen mi oración.» Pero no se ora por lo que la gente merece. Se ora porque Dios ama este mundo y a quienes lo dirigen.
Hoy, nombra delante de Dios a una persona con responsabilidad pública en tu país. Pídele para ella sabiduría y justicia. Bastan cinco líneas.