Leer tres veces el Salmo 23: tres miradas sobre un salmo muy conocido
El Salmo 23 es probablemente el texto bíblico más conocido del mundo. Se dice en las bodas como en los entierros, se aprendió en la escuela dominical. Por eso mismo se lee sin pensar más en él. Esta misión te propone leerlo tres veces, cambiando cada vez de ángulo.
Cómo se ve en tu día
El salmo es corto: seis versículos. Puedes hacer las tres lecturas de una vez, o una por día durante tres días. Estas son tres miradas posibles:
- Primera lectura: el pastor. Lee concentrándote en lo que Dios hace: hace yacer, guía, conforta, conduce, aderezar mesa, acompaña. Subraya todos los verbos cuyo sujeto es Dios. Fíjate en lo activo que es.
- Segunda lectura: la oveja. Esta vez, mira el otro papel: el de quien habla. ¿Qué siente? ¿Cuál es su estado de ánimo: confiado, apacible, sin miedo, agradecido? ¿En qué momento pasa de «él» a «tú» (en el versículo 4)? Es un momento importante: el salmo deja de hablar de Dios para hablar a Dios.
- Tercera lectura: tú. Relee preguntándote: ¿dónde estoy yo en este salmo? ¿En los delicados pastos? ¿En el valle oscuro? ¿En la mesa? ¿En qué versículo necesito detenerme hoy?
Después de la tercera lectura, escribe una frase: lo que has descubierto. Esta misión semanal te invita a un verdadero encuentro con un texto que crees conocer.
Si vas con prisa, bastan tres lecturas de dos minutos cada una. Si eres principiante, lee en voz baja. Si eres tímido, tu retorno puede quedar discreto.
Lo que dice la Biblia
Este es el salmo entero, tal como lo da la Reina-Valera 1909:
«Salmo de David. JEHOVÁ es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará yacer: junto á aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días.»
Algunos detalles que la lectura atenta hace destacar. Primero, el cambio de pronombre en el versículo 4: hasta ahí, «me hará yacer, me pastoreará»; luego, «tú estarás conmigo». Cuando se acerca la sombra de muerte, la relación se vuelve directa. Después, el verbo «seguir» del versículo 6: el bien y la misericordia «me seguirán» (el verbo hebreo dice literalmente «perseguir»), como compañeros fieles.
Jesús retoma el tema del pastor en el Evangelio de Juan (Juan 10:11), al decir que él es el buen pastor que da su vida por las ovejas. Para los cristianos, el Salmo 23 encuentra ahí un eco: el Pastor del salmo es el mismo que se entregó.
Las trampas que debes evitar
Leerlo solo en los momentos de duelo. Este salmo habla también de alegría, de descanso, de comida, de fiesta. No lo reserves para los funerales.
Contentarte con la hermosa imagen. El salmo contiene un valle oscuro, enemigos, una mesa puesta delante de ellos. No es un cuento de hadas: es una confianza que atraviesa la prueba.
Decir que promete que todo irá bien. No promete la ausencia de valles, promete una presencia en el valle. El matiz es grande.
Leerlo demasiado deprisa porque lo conoces. Si tienes un salmo que sabes de memoria, léelo en una traducción que no conozcas. Las palabras inusuales obligan a ir más despacio.
Buscar una experiencia. No hay una manera correcta de sentirlo. Algunos días consolará, otros dejará indiferente. Vuelve a él.
Esta semana, lee el Salmo 23 tres veces, con tres miradas. Termina con una frase de oración.