Leer un Evangelio entero: descubrir a Jesús de un solo aliento
Conocemos episodios de la vida de Jesús: el nacimiento, algunos milagros, la cruz, la resurrección. Pero leer un Evangelio entero, del primero al último versículo, da otra cosa: una visión de conjunto, con el ritmo, las tensiones, la progresión. Esta misión mensual te invita a ello.
Cómo se ve en tu día
Un Evangelio se lee en una o dos horas aproximadamente, según la elección y tu ritmo. Puedes repartirlo a lo largo de la semana. Algunas referencias:
- Marcos (16 capítulos): el más corto, directo, lleno de acción. Ideal para empezar, alrededor de una hora.
- Lucas (24 capítulos): detallado y cálido, atento a los pobres y a los excluidos. Unas dos horas.
- Juan (21 capítulos): más contemplativo, centrado en la identidad de Jesús.
- Mateo (28 capítulos): muy estructurado, con grandes discursos, entre ellos el Sermón del Monte.
Una manera de organizar la lectura: uno o dos capítulos por día durante una semana o dos. Para Marcos, tres capítulos cada noche bastan para terminar en seis días. Lleva un cuaderno con tres columnas: lo que Jesús hace, lo que dice, cómo reacciona la gente.
Algunas preguntas útiles durante la lectura: ¿a quién encuentra Jesús? ¿Quién se le opone y por qué? ¿Qué lo enfada? ¿Qué lo conmueve? ¿Qué vuelve a menudo?
Al final, resume el Evangelio en una frase y anota lo que has descubierto de Jesús.
Si vas con prisa, elige Marcos y lee por bloques de diez minutos. Si eres principiante, Marcos o Lucas son buenas puertas de entrada. Si eres tímido, puedes hacer esta lectura a solas, sin hablar de ella.
Lo que dice la Biblia
Lucas explica por qué escribió su Evangelio, y su método es una hermosa invitación a la lectura continuada:
«Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo, Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.»
Entendió todas las cosas desde el principio con diligencia y las escribe «por orden». Es, pues, un relato hecho para leerse de principio a fin. Juan, por su parte, da su propósito:
«Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.»
Estas cosas fueron escritas «para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios». Cada Evangelio quiere llevar al lector a encontrar a Jesús. Y en el Evangelio de Marcos, una frase resume la misión de Jesús:
«Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.»
Cuando se lee el Evangelio entero, se ve cómo se despliega esta frase: un Salvador que sirve y que da su vida.
Las trampas que debes evitar
Leer para tachar. Si lees deprisa, solo para terminar, te pierdes cosas. Los Evangelios piden algo de lentitud. Mejor menos capítulos, mejor leídos.
Mezclar los cuatro Evangelios. Cada uno tiene su punto de vista y su vocabulario. Lee uno cada vez, antes de compararlos.
Aplanar a Jesús. Es manso, pero también firme; llora y se indigna; dice cosas sorprendentes. No borres lo que incomoda.
Leer sin el contexto. El mundo de Jesús es el de la Palestina del siglo primero: ocupación romana, expectativas mesiánicas, tensiones religiosas. Una introducción de tu Biblia puede aclararlo.
Pasar de largo la cruz y la resurrección. Los últimos capítulos son la cumbre de cada Evangelio. Tómate tu tiempo para leerlos.
Este mes, elige un Evangelio. Fíjate un ritmo y léelo hasta el final.