Meditar una parábola: lo que dice del Reino
Jesús enseñaba mucho en parábolas: pequeñas historias sacadas de la vida cotidiana (un sembrador, una moneda perdida, un padre y sus dos hijos). Parecen sencillas, pero contienen un segundo sentido. Esta misión te propone meditar una y preguntarte: «¿Qué dice del Reino de Dios?»
Cómo se ve en tu día
Elige una parábola corta: el sembrador (Marcos 4:1-9), la perla de gran precio (Mateo 13:45-46), la oveja perdida (Lucas 15:1-7), el buen samaritano (Lucas 10:25-37). Luego léela en cinco etapas:
- Lee la historia como una historia. ¿Quiénes son los personajes? ¿Qué pasa?
- Busca el punto de giro. ¿Qué momento da la vuelta a la situación o sorprende al oyente? A menudo ahí quiere llegar Jesús.
- Lee el contexto. ¿A quién habla Jesús? ¿Qué pregunta ha recibido? La introducción y la conclusión de la parábola suelen dar la clave.
- Pregúntate qué dice del Reino. ¿Qué rostro de Dios o de su reinado aparece?
- Entra en la historia. ¿Con qué personaje te identificas? ¿Cuál evitas?
Por ejemplo, en la parábola del hijo hallado, puedes identificarte con el hijo menor que vuelve, pero también con el hermano mayor celoso. El padre, por su parte, corre. Aprendes que Dios es un padre más generoso de lo que imaginas.
Si vas con prisa, lee la parábola y anota una frase sobre lo que dice del Reino. Si eres principiante, las parábolas de Lucas 15 son accesibles. Si eres tímido, puedes hablar de ello más tarde con un amigo: «Esto es lo que he visto en esta historia.»
Lo que dice la Biblia
El Evangelio de Mateo recuerda que las parábolas son la manera en que Jesús hablaba a la multitud:
«Todo esto habló Jesús por parábolas á las gentes, y sin parábolas no les hablaba: Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo.»
Las parábolas revelan cosas «escondidas desde la fundación del mundo». No son una simple ilustración: desvelan. En la parábola del hijo hallado, se lee este gesto del padre:
«Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.»
Ese padre ve a su hijo de lejos, es movido a misericordia, corre. Es todo un cuadro del corazón de Dios en pocas palabras. Las parábolas se memorizan bien: se retienen por su imagen, y la imagen permanece.
Marcos precisa que Jesús explicaba luego todo en particular a sus discípulos (Marcos 4:33-34): las parábolas invitan, pues, a hacer preguntas y a pedirle a Jesús que nos ilumine.
Las trampas que debes evitar
Alegorizar cada detalle. En una parábola, no todo tiene necesariamente un sentido oculto. Busca la idea central, no un significado para cada palabra. No leas en la parábola cosas que Jesús no puso.
Pasar demasiado deprisa a la moraleja. «Hay que ser amable como el samaritano» es verdad, pero esta parábola dice también algo del propio Jesús, que se acerca a los heridos. Tómate el tiempo de oír todas las capas.
Olvidar la sorpresa. Las parábolas de Jesús suelen trastocar las expectativas: el último cobra como el primero, el samaritano es el héroe, el padre corre. Si te quedas en lo esperado, te pierdes lo esencial.
Leerlas sin contexto. Cada parábola responde a una situación. Leer el comienzo del capítulo aclara mucho.
Juzgarte inútilmente. Algunas parábolas nos incomodan: tocan un punto sensible. En vez de defenderte, deja que trabajen.
Hoy, elige una parábola. Léela, localiza la sorpresa y pregúntate qué dice del Reino.