Llevar tu cuaderno de oración: peticiones y respuestas
Se ora, se pide, se espera, y luego la vida sigue. Unas semanas más tarde, ya no se sabe lo que se había pedido, ni si algo ha cambiado. Un cuaderno de oración responde a ese problema: guarda la memoria de tus peticiones y de lo que Dios hizo con ellas.
Cómo se ve en tu día
Un cuaderno de oración puede ser una libreta, un cuaderno de bolsillo, una aplicación de notas, da igual. Lo esencial es llevarlo. Esta es una estructura sencilla, con dos columnas (o dos páginas):
- Las peticiones. Lo que le pides a Dios: la fecha, la persona o la situación, lo que pides. «12 de marzo: Por María, que tiene una entrevista de trabajo. Que esté tranquila y se abra la puerta adecuada.»
- Las respuestas. Lo que pasó después. «20 de marzo: ¡Han cogido a María!» O también: «3 de abril: la respuesta no llegó como yo esperaba, pero vi que…»
No tienes que escribir mucho. Una línea por petición basta. Una vez por semana, tómate diez minutos para abrir el cuaderno: añade nuevas peticiones, relee las antiguas, anota lo que has visto. Si vas con prisa, quédate solo con esos dos gestos: escribir la petición en el momento en que oras y anotar la respuesta cuando llegue.
Para quien empieza, bastan tres peticiones. Para un tímido, es una herramienta excelente: no tienes que hablar, escribes. Y si algunas peticiones son muy personales, puedes usar iniciales.
Lo que dice la Biblia
Los personajes de la Biblia gustaban de guardar la memoria de lo que Dios había hecho. El profeta Habacuc recibe incluso una orden de Dios:
«Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella.»
Escribir para no olvidar, y para que otros puedan leer: la idea es antigua. El salmista hace de la memoria de las obras de Dios un acto de fe:
«Acordaréme de las obras de JAH: sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.»
Fíjate en el contexto: atraviesa un momento muy oscuro, y es recordando lo que Dios ya ha hecho como recobra la esperanza. Un cuaderno de oración te da esa materia: recuerdos concretos de fidelidad.
Moisés invita también al pueblo a no olvidarse de Jehová, que lo sacó de Egipto (Deuteronomio 6:12). Y el Salmo 103 comienza con una exhortación que el cuaderno hace posible: «no olvides ninguno de sus beneficios» (Salmos 103:2).
Las trampas que debes evitar
Reducir a Dios a una máquina expendedora. Anotar peticiones y respuestas puede dar la impresión de un sistema: escribo, espero, recibo. Pero Dios no es una ventanilla. A veces la respuesta es «no», «todavía no» o «de otra manera». Anótala también, suelen ser las páginas más instructivas.
Buscar a toda costa una «respuesta». A fuerza de querer ver respuestas, se corre el riesgo de inventarlas. Sé honesto: «Todavía no lo sé» es una respuesta válida.
Abandonar al cabo de tres días. El cuaderno es útil sobre todo a largo plazo. Si dejas pasar dos semanas, retómalo sencillamente, sin justificarte.
Hacer un cuaderno demasiado pesado. Cuanto más complicado, menos lo abres. Una línea, una fecha, es suficiente.
Compartir sin pedir permiso. Si anotas ahí las peticiones de otras personas, respeta su confidencialidad: iniciales, sin detalles delicados.
Esta semana, toma un cuaderno. Anota tres peticiones con la fecha. Dentro de un mes, relee.