Leer un salmo y orar el versículo que te habla
Los salmos son el libro de oración de la Biblia: 150 poemas que expresan la alegría, el miedo, el enfado, el arrepentimiento, el asombro. Muchos creyentes los leen, pero pocos los usan como una herramienta para orar. Esta misión te muestra cómo hacerlo.
Cómo se ve en tu día
Elige un salmo corto. Si no sabes cuál, empieza por el Salmo 23, el 121, el 131 o el 139. Luego, tres movimientos sencillos:
- Lee el salmo entero, despacio. Una vez, sin pretender comprenderlo todo.
- Relee y detente en un versículo. El que te salta a los ojos, que te sorprende, que te incomoda o que te consuela. No lo elijas por deber: toma el que te habla.
- Ora ese versículo. Díselo a Dios con tus palabras, en primera persona.
Un ejemplo. Lees el Salmo 131 y te toca el versículo 2: «como un niño destetado de su madre». Oras: «Señor, hoy no estoy nada tranquilo. Pero me gustaría estarlo como ese niño, pegado a ti. Ayúdame a soltar lo que no puedo controlar.»
Si vas con prisa, puedes leer solo unos versículos. Si eres principiante, no temas elegir un versículo «evidente»: no hay malas elecciones. Si eres tímido en la oración, los salmos están hechos para ti: son palabras que otros ya han dicho antes que tú, y puedes tomarlas prestadas.
Lo que dice la Biblia
Los salmos están escritos para ser orados, no solo leídos. Muchos empiezan con un grito y terminan con confianza. Esta es una oración que abre justamente a este tipo de lectura:
«Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.»
Puedes empezar tu tiempo con esta frase: pedirle a Dios que abra tus ojos incluso antes de leer. Y la oración que sigue concluye bien el ejercicio, pues pide que nuestras palabras sean gratas:
«Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.»
Los salmos sirvieron además de oraciones al propio Jesús. En la cruz cita uno (Mateo 27:46), y Pablo invita a los creyentes a animarse mutuamente «con salmos, y con himnos, y canciones espirituales» (Efesios 5:19). Orar los salmos es entrar en una larga cadena de oraciones.
Las trampas que debes evitar
Buscar un versículo «espectacular». No hay ejercicio fallido. A veces el versículo que te habla es muy sencillo: «Jehová es mi pastor.» Toma el que puedas decir con sinceridad hoy.
Evitar los salmos difíciles. Algunos salmos expresan enfado, desesperación, o incluso peticiones severas contra los enemigos. No estás obligado a hacerlos tuyos, pero pueden enseñarte a hablarle a Dios con honestidad, sin máscara.
Quedarte con un versículo sin contexto. Orar un versículo no dispensa de leer el salmo entero: el versículo cobra su sentido en el conjunto. Tómate siempre el tiempo de leer primero el salmo.
Pasar demasiado pronto a la oración. Si tomas el versículo y encadenas enseguida con una lista de peticiones, has tomado el versículo como pretexto. Quédate un instante en lo que dice y luego respóndele.
Toma un salmo corto, un solo versículo, y díselo a Dios con tus palabras. Eso es todo.