Orar un versículo palabra por palabra, para tu día
A veces se lee la Biblia por un lado y se ora por otro, como si esos dos gestos no tuvieran nada que ver. Esta misión los reúne: tomas un versículo y lo oras palabra por palabra, aplicándolo a tu día. La Palabra te da las palabras, tu situación les da un rostro.
Cómo se ve en tu día
El método consiste en avanzar despacio por el versículo, expresión por expresión, convirtiendo cada parte en petición, en agradecimiento o en compromiso.
Tomemos un versículo de Pablo, en Efesios 6:18, que habla precisamente de la oración: «Orando en todo tiempo con toda deprecación y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda instancia y suplicación por todos los santos.» Puedes orarlo así:
- «En todo tiempo»: «Señor, no quiero guardarte solo para algunos momentos. Hoy quiero que estés presente en mi trayecto, en mis reuniones, en mis comidas.»
- «En el Espíritu»: «No siempre sé qué decirte. Que tu Espíritu ore en mí y me guíe.»
- «Toda deprecación y súplica»: «Te doy gracias, te pido, te confío. Ayúdame a no limitarme a una sola manera de hablarte.»
- «Por todos los santos»: «Pienso en Karim, que atraviesa un mal momento. Sostenlo.»
Para un día concreto, también puedes vincular cada expresión a un momento: la reunión de las diez, la cita de la tarde, la conversación que temes.
Algunos versículos que se prestan bien a este ejercicio: Salmos 86:11 («Enséñame, oh Jehová, tu camino»), Salmos 90:12, Colosenses 1:9-10, Proverbios 3:5-6.
Si vas con prisa, ora solo dos expresiones del versículo. Si estás empezando, elige un versículo que ya sea una oración. Si eres tímido, puedes escribir tu oración antes de decirla.
Lo que dice la Biblia
Pablo pide en varias ocasiones orar con la ayuda del Espíritu:
«Orando en todo tiempo con toda deprecación y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda instancia y suplicación por todos los santos,»
Esta instrucción se dirige a toda persona en relación con Dios. El salmista, por su parte, ofrece un versículo excelente para este ejercicio:
«Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad: consolida mi corazón para que tema tu nombre.»
Puedes orarlo frase por frase: «Enséñame, oh Jehová, tu camino» (quiero aprender a actuar como tú); «caminaré yo en tu verdad» (quiero mantenerme fiel); «consolida mi corazón para que tema tu nombre» (quiero honrarte de verdad). El Salmo 90 propone otra petición, muy adecuada para un día: aprender a contar bien nuestros días (Salmos 90:12).
Las trampas que debes evitar
Recitar el versículo sin personalizarlo. Orar un versículo no es repetirlo: es adaptarlo a tu vida. Si tu oración no tiene ninguna relación con tu día, empieza de nuevo.
Retorcer el versículo. Orar la Palabra no significa plegarla a tu deseo. Si el versículo habla de paciencia, no lo conviertas en una petición de éxito rápido.
Quedarte en las palabras. Después de orar, deja un silencio: Dios puede responder a tu oración con una luz, una paz, una idea.
Elegir siempre los mismos versículos. Tus versículos favoritos son valiosos, pero amplía el círculo: un salmo, una carta de Pablo, una palabra de Jesús.
Olvidar el sentido original. Antes de orar, asegúrate de entender a quién se dirige el versículo y en qué situación. La comprensión hace la oración más acertada.
Hoy, toma un versículo y ora expresión por expresión, pensando en tu día.