Orar por un país en guerra: la paz, los civiles y la Iglesia local
Las imágenes de una guerra llegan por la pantalla, entre dos mensajes y una comida. Nos conmovemos, nos sentimos impotentes y luego pasamos a otra cosa. Esta misión te propone dar un lugar a esa emoción: elegir un país en conflicto y presentarlo delante de Dios, por su paz y por la Iglesia que vive en él.
Cómo se ve en tu día
Elige un país, solo uno, que seguirás durante unos días. Infórmate en unos minutos en una fuente fiable para saber quién se ve afectado y cómo. Luego ora, siguiendo estos ejes:
- Por la paz. Que cesen los combates, que las negociaciones lleguen a buen puerto, que se imponga la razón. Sin señalar culpables: le pides a Dios que ponga fin a la violencia.
- Por los civiles. Los niños, las personas mayores, los enfermos, los desplazados. Que sean protegidos, alimentados, atendidos.
- Por quienes pierden a un ser querido. Duelos, separaciones, desapariciones: pide consuelo y valentía.
- Por los refugiados. Que encuentren refugio, acogida, dignidad.
- Por el personal sanitario y los equipos de rescate. Quienes arriesgan su vida para salvar a otros.
- Por la Iglesia local. Que sea un lugar de refugio, de consuelo y de reconciliación, que se mantenga fiel y que esté protegida.
- Por los gobernantes. Que reciban la sabiduría de elegir la paz.
Una oración posible: «Señor, tú conoces esta guerra. Ves a cada familia. Pon fin a los combates. Protege a los niños. Consuela a los que lloran. Sostén a tu Iglesia.»
Si vas con prisa, una frase basta, con el nombre del país. Si eres tímido, este gesto es discreto. Si las imágenes te trastornan, limita el tiempo que pasas ante ellas: infórmate y luego ora.
Lo que dice la Biblia
El Salmo 122 invita a orar por la paz:
«Pedid la paz de Jerusalem: sean prosperados los que te aman. Haya paz en tu antemuro, y descanso en tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros hablaré ahora paz de ti. A causa de la casa de Jehová nuestro Dios, buscaré bien para ti.»
«Pedid la paz de Jerusalem»: una ciudad que ha conocido muchas guerras. Los profetas, por su parte, anuncian un tiempo en que las armas se transformarán en herramientas de paz:
«Y juzgará entre muchos pueblos, y corregirá fuertes gentes hasta muy lejos: y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces: no alzará espada gente contra gente, ni más se ensayarán para la guerra.»
«Martillarán sus espadas para azadones»: un horizonte por el que se puede orar. No es una ilusión: es la esperanza bíblica. Jesús, por su parte, dice a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy» (Juan 14:27), y proclama bienaventurados a los pacificadores (Mateo 5:9).
Las trampas que debes evitar
Tomar partido con rabia. Es natural sentir rabia ante la injusticia. Pero tu oración no es un comunicado de prensa. Pide que se haga justicia, que las víctimas sean protegidas, que vuelva la paz.
Dejarte desbordar. Un flujo de imágenes puede llevar a la angustia y a la desesperación. Infórmate con mesura y luego deposita lo que has visto.
Olvidar las demás guerras. Algunas tienen mucha cobertura, otras casi pasan inadvertidas. Piensa también en aquellas de las que no se habla.
Limitarte a la oración. Orar puede llevar a un gesto: una donación a una organización seria, la acogida de una familia, un mensaje a un amigo de allí.
Señalar un «bando de Dios». Dios no es el aliado de una bandera. Ora por todas las víctimas y por la paz para todos.
Hoy, elige un país en guerra. Ora por la paz, por los civiles y por la Iglesia que vive allí.