Orar por una persona con la que es difícil
Todos conocemos a alguien con quien la relación es complicada: una suegra criticona, un compañero altivo, un vecino ruidoso, un miembro de la iglesia con quien no logramos entendernos. Esta misión te pide algo exigente: orar por esa persona. No para que cambie, sino para que sea bendecida y para que tú seas liberado.
Cómo se ve en tu día
Empieza siendo honesto. No tienes que fingir que todo va bien. Puedes decirle a Dios: «Esta persona me irrita. No tengo ganas de orar por ella. Pero quiero obedecer.» Eso es una oración de verdad.
Después, prueba estos tres pasos:
- Di lo que es difícil. «Señor, me interrumpe cuando hablo y me siento poco respetado.» Nombrar el problema evita que lo guardes dentro.
- Pide el bien para ella. Ni venganza ni justicia a tu gusto: paz, salud, alegría, el encuentro con Dios.
- Pide una mirada nueva para ti. «Ayúdame a ver lo que lleva a cuestas, lo que la hace actuar así.»
Una manera útil es preguntarte: «¿Qué podría haber vivido esta persona para ser así?» La respuesta no justifica su comportamiento, pero puede suavizar tu mirada. Es posible que tenga miedo, que esté cansada, que la hayan herido.
Si vas con prisa, una frase basta: «Señor, bendice a [nombre].» Si guardas mucho rencor, no te fuerces a sentir cariño: elige simplemente obedecer. Los sentimientos suelen llegar más tarde.
Lo que dice la Biblia
La petición de Jesús no deja lugar a rodeos:
«Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;»
«Amad… bendecid… haced bien… orad»: una serie de verbos que no hablan de emociones sino de gestos. Puedes realizar esos gestos aunque tu corazón todavía esté en obras.
Pablo añade un estímulo realista:
«Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres.»
Fíjate en las dos condiciones: «Si se puede hacer» y «cuanto está en vosotros». La Biblia no pide lo imposible, reconoce que la paz no depende solo de ti. Tu parte es no romper el vínculo por tu lado, y orar.
En el libro de los Hechos, Esteban, en el instante de su muerte, ora por quienes lo apedrean (Hechos 7:60). Esa oración es un modelo extremo, pero muestra hasta dónde puede llegar la gracia.
Las trampas que debes evitar
Excusar comportamientos dañinos. Orar por alguien no significa aceptar que te maltraten. Si sufres violencia, acoso o una manipulación grave, protégete, habla con una persona de confianza y busca ayuda. Puedes orar por quien te hiere manteniendo una distancia segura.
Orar por su conversión con desprecio secreto. Algunas oraciones son largos juicios disfrazados: «Hazle ver hasta qué punto está en el error.» Si te oyes pensando eso, empieza de otra manera.
Esperar que el otro cambie. Es posible que la persona nunca cambie. El objetivo de la oración no es transformarla a tu gusto, sino permitirte llevar la situación sin amargura.
Mentirte a ti mismo. Si el perdón no está ahí, no finjas. Dile a Dios dónde estás de verdad y pídele que haga el camino contigo.
Esta semana, elige a una persona. Cada día, una frase: «Señor, bendícela.» Observa con calma lo que se mueve en ti.