Pedir una ocasión y estar atento, como el siervo de Abraham
Hay una diferencia entre esperar una ocasión y pedirla. El que espera mira pasar los acontecimientos. El que pide sabe que habrá una y se mantiene preparado. Esta misión te propone formular una petición precisa por la mañana y luego observar tu día como quien está atento a una señal.
Cómo se ve en tu día
El proceso se resume en tres tiempos, repartidos a lo largo del día:
Por la mañana: pedir. Dile a Dios, en una frase: «Señor, dame hoy la ocasión de hablarle de ti a alguien, de una manera sencilla y natural.» Si quieres, precisa: con un colega, un vecino, un familiar.
A mediodía: mirar. Haz un balance rápido. ¿Ha habido algún momento en que la conversación se acercara al sentido de la vida, a una prueba, a una cuestión de fe? ¿Aunque fuera una frasecita de alguien?
Por la noche: releer. Con Dios, repasa tu día. ¿Qué has notado? ¿Has aprovechado algo? Si no has visto nada, pídele que afine tu mirada para mañana.
El punto esencial es este: no fuerzas nada. Te entrenas a levantar la cabeza. La mayoría de las ocasiones pasan inadvertidas simplemente porque no esperábamos verlas. Una vez que has formulado la petición, tu atención cambia.
Si vas con prisa, basta la petición de la mañana. Si eres tímido, recuerda que aprovechar una ocasión puede significar simplemente decir una pequeña cosa verdadera, o proponer retomar la conversación más tarde.
Lo que dice la Biblia
El siervo de Abraham, enviado a buscar una esposa para Isaac, ora así junto a un pozo:
«Y dijo: Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. He aquí yo estoy junto á la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua: Sea, pues, que la moza á quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber á tus camellos: que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.»
Pide tener buen encuentro ese día, y decide, con sencillez, lo que va a observar: una joven que ofrecerá agua a sus camellos. Luego mira, sin precipitarse. Llega Rebeca. No ha intentado forzar el relato: ha pedido y luego ha velado. Pablo invita a la misma vigilancia:
«Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias:»
«Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias»: la oración no es solo una petición, es una vigilia. Y el libro de Hechos muestra al Espíritu dirigiendo a Pedro hacia unos visitantes inesperados (Hechos 10:19-20): bastaba con estar atento.
Las trampas que debes evitar
Forzar las ocasiones. Una conversación forzada suena falsa. Si la ocasión no llega, da gracias igualmente.
Confundir ocasión con obligación. Una ocasión es una posibilidad, no una orden. Puedes aprovecharla, aplazarla o dejarla pasar orando por la persona.
Desanimarte por un día en blanco. Habrá días sin nada. La petición sigue siendo útil: mantiene tu atención.
Esperar algo espectacular. Las ocasiones se parecen casi siempre a una frase anodina, a una pregunta, a un suspiro.
Olvidar escuchar. Una ocasión no consiste en hablar, sino en responder a una apertura. Escucha primero lo que dice la persona.
Mañana por la mañana, formula tu petición en una frase. Mantén el ojo abierto y, por la noche, repasa tu día.