Releer lo que anotaste ayer
Anotar lo que Dios te dice es valioso. Pero si nunca relees lo que has anotado, esas líneas duermen en un cuaderno y no sirven de nada. Esta misión te invita a un hábito muy sencillo: releer ayer antes de empezar hoy.
Cómo se ve en tu día
Bastan tres minutos, al comienzo de tu tiempo con Dios. Este es el desarrollo:
- Abre tu cuaderno o tus notas por la página de ayer.
- Relee despacio. El versículo, la frase que habías escrito, la oración, la acción prevista.
- Hazte tres preguntas:
- ¿Qué sigue vivo en mí de esa lectura? - ¿Hice lo que había previsto? ¿Qué me lo impidió, o me ayudó? - ¿Hay algo que continuar hoy?
- Añade una pequeña nota si hace falta: «Puesto en práctica a mediodía.» o «No lo logré, para retomar.»
- Pasa a tu lectura del día, manteniendo ese hilo.
Vas a comprobar algo interesante: al releer las notas de ayer, a menudo descubres un vínculo con lo que vas a leer hoy. Dios trabaja con continuidad. Las lecturas sucesivas se responden entre sí.
Si vas con prisa, relee solo la última frase escrita. Si estás empezando, este gesto te enseña a tomarte en serio tus notas: escribirás mejor sabiendo que te releerás. Si eres tímido, estás a solas con tu cuaderno: ninguna exposición.
Lo que dice la Biblia
El salmista describe exactamente esta alternancia entre meditación y memoria:
«En tus mandamientos meditaré, consideraré tus caminos. Recrearéme en tus estatutos: no me olvidaré de tus palabras.»
«En tus mandamientos meditaré» (piensa, rumia) y «no me olvidaré de tus palabras». Las dos cosas van juntas: reflexionar sin retener es vano, retener sin reflexionar también. La carta a los Hebreos advierte del peligro de ser arrastrado lejos de lo que se ha oído:
«POR tanto, es menester que con más diligencia atendamos á las cosas que hemos oído, porque acaso no nos escurramos.»
Atender «con más diligencia» exige un esfuerzo. Lo que no se relee se pierde. La memoria es una de las claves de la fe en la Biblia: a lo largo de toda la historia de Israel, se recuerda lo que Dios ha hecho, se hace repetir, se hace transmitir. El salmista lo dice: «Acordaréme de las obras de JAH» (Salmos 77:11).
María, también, guardaba las cosas en su corazón y las repasaba (Lucas 2:19): un corazón que vuelve sobre lo que ha recibido.
Las trampas que debes evitar
Releer para juzgarte. Si relees tus notas para constatar que no has cumplido tu promesa, te desanimarás. El objetivo es seguir adelante, no condenarte. Si has fallado, empieza de nuevo hoy.
Escribir demasiado. Si tus notas son largas, no tendrás ganas de releerlas. Unas pocas líneas valen más que un ensayo.
Pasar demasiado deprisa. Tres minutos son pocos. Pero relee despacio, no en diagonal.
Depender del cuaderno. Las notas ayudan, pero no sustituyen a la relación. Si no tienes notas, no te bloquees: lee sencillamente, ora, sigue adelante.
Olvidar dar gracias. Cuando encuentres un pensamiento que te ayudó, da gracias a Dios. El objetivo de estas relecturas es la gratitud.
Mañana por la mañana, antes de tu lectura del día, abre tus notas de hoy. Relee y luego continúa.