Una hora de oración: velar con Jesús sin dormirse
«¿Así no habéis podido velar conmigo una hora?» La frase de Jesús a sus discípulos, en el huerto de Getsemaní, resuena como un tierno reproche. Esta misión te propone tomarla al pie de la letra: reservar una hora en tu semana para orar sin interrupción, a solas o con un amigo.
Cómo se ve en tu día
Una hora de oración puede parecer inmensa. Lo es menos cuando se divide. Este es un plan en cuatro cuartos de hora:
- Primer cuarto de hora: llegar y adorar. Te instalas, te calmas, dejas que baje la agitación. Lees un salmo en voz alta, cantas suavemente, das gracias por lo que Dios es y por lo que ha hecho esta semana.
- Segundo cuarto de hora: escuchar la Palabra y confesar. Lee un pasaje (por ejemplo el relato de Getsemaní), deja que te hable y luego confiesa lo que tengas que confesar.
- Tercer cuarto de hora: pedir para ti. Tus necesidades, tus decisiones, tus miedos, tus proyectos. Habla con franqueza.
- Cuarto cuarto de hora: interceder. Tu familia, tus amigos, tu iglesia, tu ciudad, el mundo. Puedes ayudarte de una lista.
Algunos consejos prácticos: elige un lugar sin distracciones; pon el teléfono en modo avión; prevé una bebida y un cuaderno; camina si te duermes; no te juzgues si tu mente divaga, tráela de vuelta con suavidad.
Si vas con prisa, prevé la hora de antemano en tu agenda. Si es tu primera vez, hazlo con otra persona: orar con un amigo ayuda a aguantar. Si eres tímido, recuerda que nadie te escucha: estás a solas con Dios.
Lo que dice la Biblia
Este es el momento en Getsemaní:
«Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma.»
Jesús está en plena angustia. Pide a sus amigos algo muy sencillo: velar con él. Se duermen. «El espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma»: Jesús no los condena, conoce el cansancio humano. Pero les dice cómo no caer: velar y orar. Él mismo pasaba noches enteras en oración:
«Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios. Y como fué de día, llamó á sus discípulos, y escogió doce de ellos, á los cuales también llamó apóstoles:»
Oró toda la noche antes de elegir a los doce. Una hora es modesta en comparación. No es una actuación, es una manera de hacerle compañía y de presentarse delante del Padre.
Las trampas que debes evitar
Dormirte y sentirte culpable. Los discípulos se dormían, y Jesús dijo: «La carne es débil.» Si cabeceas, camina, cambia de postura, abre la ventana. No es un fracaso.
Llenar la hora de peticiones. Una hora de listas de necesidades agota. Alterna: palabra, alabanza, silencio, petición, intercesión.
Orar para impresionar. La hora no es un trofeo. Si la cuentas para valorarte, pierdes lo esencial.
Planificarlo todo. Un esquema ayuda, pero deja sitio a la sorpresa. Si Dios te retiene en un tema, quédate en él.
Abandonar si la primera vez es difícil. Las primeras horas suelen ser laboriosas. Inténtalo tres veces antes de juzgar.
Esta semana, aparta una hora en tu agenda. Prepara un plan en cuatro cuartos de hora y mantenlo.