Mathétès

Caminar 30 minutos por tu barrio orando por sus habitantes

Hay una manera de orar que no se parece a una habitación cerrada: caminar por tu barrio, con los ojos abiertos, y orar por lo que ves. Esta misión mensual te propone treinta minutos para hacerlo. Es una oración discreta, concreta, y que a menudo cambia tu mirada sobre los lugares que creías conocer.

Cómo se ve en tu día

Elige un momento en que puedas caminar con calma: por la mañana, a última hora de la tarde o el fin de semana. Pon el teléfono en silencio, ponte unos zapatos cómodos y sal. Algunos consejos para la caminata:

Si eres tímido, recuerda que simplemente estás paseando, nadie adivina que oras. Si vas con prisa, puedes cortar la caminata en dos tramos de quince minutos. Si no te gusta caminar, un trayecto en bicicleta o en autobús, mirando a tu alrededor, también sirve.

Lo que dice la Biblia

Dios le dice a Abraham que recorra la tierra que le dará:

«Levántate, ve por la tierra á lo largo de ella y á su ancho; porque á ti la tengo de dar.»

Caminar por un lugar es tomarlo en serio, apropiárselo con la mirada y la oración. Recorres el barrio donde Dios te ha puesto.

El propio Jesús miraba a las multitudes con compasión:

«Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor.»

No ve «gente» vaga, ve personas derramadas y esparcidas. Cuando camines por tu barrio, pídele a Dios que te dé un poco de esa mirada. Marcos relata una escena parecida (Marcos 6:34): ante la multitud, se compadece y se pone a enseñarles muchas cosas.

Y Dios dijo a los exiliados que procuraran la paz de la ciudad donde vivían (Jeremías 29:7). El barrio donde vives es el lugar concreto de esa misión.

Las trampas que debes evitar

Caminar para «apropiarte» del territorio. Algunas prácticas de «caminata de oración» adoptan un tono guerrero. Aquí no es un combate contra un lugar o unas personas: es una caminata de bendición.

Juzgar lo que ves. Verás sin duda suciedad, pintadas, pobreza, comportamientos que te entristecen. En vez de juzgar, pregunta: «Señor, ¿qué quieres hacer aquí?»

Orar sin hablar nunca. Un día quizá haga falta saludar, prestar un servicio, conocer a alguien. La oración abre la puerta: atrévete a cruzarla.

Hacer la caminata como espectador. Algunos días corres el riesgo de distraerte con el teléfono. Déjalo en el bolsillo.

Exponerte inútilmente. Si algunos lugares son peligrosos, elige un itinerario seguro, a plena luz del día, o camina acompañado. La oración no exige imprudencia.

Este mes, reserva treinta minutos. Sal, mira, ora. Verás tu barrio con otros ojos.

¿Listo para ponerlo en práctica?

Cada día, Mathétès te propone misiones concretas para crecer como discípulo, gratis. Esta misión te está esperando.

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