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Comparar dos traducciones de un mismo versículo

Si alguna vez has leído un mismo versículo en dos Biblias, quizá te sorprendió encontrarlo ligeramente distinto. No es que uno de los dos esté equivocado: es que traducir es elegir. Esta misión te propone vivir la experiencia y ver qué aclara la comparación.

Cómo se ve en tu día

Toma un versículo de tu lectura del día y léelo en dos traducciones diferentes: la que conoces y luego otra. La aplicación te da acceso a varias versiones de la Biblia. Observa tres cosas:

  1. Las palabras que cambian. ¿Un verbo más fuerte? ¿Una palabra más corriente? ¿Un orden de frase distinto?
  2. El tono general. Una suena más solemne, la otra más hablada.
  3. Lo que cada una te hace notar. ¿La segunda te hace ver algo que la primera ocultaba?

Un ejemplo concreto. En el prólogo del Evangelio de Juan, un versículo famoso dice, en la Reina-Valera:

«Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.»

En otras versiones se lee que las tinieblas no la «recibieron» o no la «vencieron». El verbo griego puede significar a la vez «acoger», «apresar» y «comprender» (e incluso «apagar»). Cada traducción retiene un matiz. Al compararlas, ves que el versículo dice varias cosas a la vez: la luz no fue acogida, no fue comprendida y no pudo ser apagada.

Si vas con prisa, compara un versículo de dos líneas. Si eres principiante, no busques analizar: fíjate simplemente en una diferencia y pregúntate qué te enseña. Si lees en varios idiomas, es la ocasión de confrontarlos.

Lo que dice la Biblia

En el libro de Proverbios, la búsqueda de la sabiduría se compara con la búsqueda de un tesoro:

«HIJO mío, si tomares mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, Haciendo estar atento tu oído á la sabiduría; si inclinares tu corazón á la prudencia; Si clamares á la inteligencia, y á la prudencia dieres tu voz; Si como á la plata la buscares, y la escudriñares como á tesoros; Entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios.»

Buscar «como á la plata», escudriñar «como á tesoros»: la sabiduría exige un esfuerzo. Comparar traducciones forma parte de él: no te conformas con la primera lectura. Y en tiempos de Nehemías, quienes leían la ley al pueblo hacían un trabajo parecido:

«Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.»

«Ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura»: la lectura pública de la Palabra iba acompañada de una explicación. Las traducciones cumplen un poco ese papel: cada una propone un sentido, y compararlas enriquece la comprensión.

Las trampas que debes evitar

Buscar «la» traducción perfecta. Ninguna lo es. Algunas están más cerca de la letra, otras son más fáciles de leer. Cada una tiene su función.

Caer en la erudición. No hace falta saber hebreo ni griego para comparar. No te sientas obligado a hacer lingüística: basta con notar los matices.

Construir una doctrina sobre un matiz. Una diferencia entre dos versiones no basta para fundar una idea fuerte. Comprueba en otros pasajes antes de concluir.

Elegir la versión que te tranquiliza. Te tienta preferir la que confirma lo que piensas. Compara también con una versión que te incomode un poco.

Desanimarte ante la complejidad. Hay cuestiones de traducción realmente difíciles. No te preocupes: lo esencial del mensaje bíblico es claro, sea cual sea la versión.

Hoy, toma un versículo de tu lectura. Léelo en dos traducciones y anota una diferencia.

¿Listo para ponerlo en práctica?

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