Contar una oración contestada: con sencillez y sin exagerar
Cuando Dios responde a una oración, la alegría es grande. Luego la vida sigue su curso y el acontecimiento se desdibuja. Esta misión te propone contárselo a alguien: un amigo, tu grupo, tu familia. Ese relato sencillo puede animar la fe de otros y afianzar la tuya.
Cómo se ve en tu día
Elegir la respuesta. Una oración que llevaste y de la que viste la respuesta. Puede ser grande (una sanación, un empleo) o pequeña (un objeto encontrado, una conversación que salió bien). No hace falta que sea espectacular.
Contarla en orden. Bastan cuatro elementos:
- La situación. «Hace tres meses buscaba trabajo y empezaba a perder la esperanza.»
- La oración. «Le pedí a Dios una puerta y oré cada día durante unas semanas.»
- Lo que pasó. «Un antiguo compañero me llamó un lunes por la mañana para proponerme un puesto.»
- Lo que me enseñó. «Entendí que Dios no se olvida, aunque se haga esperar.»
Ser honesto. No digas «Dios lo arregló todo» si las cosas son más matizadas. «Creo que Dios respondió» es más justo que «Es un milagro probado». Evita los superlativos.
Dejar sitio al otro. Después de tu relato, pregunta: «Y tú, ¿has vivido algo parecido?» Una respuesta contada puede despertar otras.
Elegir el buen momento. Cuando alguien atraviesa una espera, tu relato puede animarlo. Pero si la persona lleva años esperando una respuesta que no llega, adáptate: no digas «Dios siempre responde».
Si vas con prisa, tres frases bastan. Si eres tímido, escribe tu relato y compártelo en un mensaje. Si estás empezando, una respuesta sencilla vale tanto como una grande.
Lo que dice la Biblia
El salmista invita a contar:
«Venid, oid todos los que teméis á Dios, y contaré lo que ha hecho á mi alma.»
«Venid, oid todos los que teméis á Dios, y contaré lo que ha hecho á mi alma»: el relato se dirige a quienes temen a Dios, para animarlos. Otro salmo recuerda que tendemos a olvidar:
«Antes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado. Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.»
«Se olvidaron de sus obras»: el olvido es una pendiente. Contar es un medio de no dejar que las obras de Dios caigan en el olvido. Y el Salmo 126 expresa la alegría de un pueblo que ha visto actuar a Dios:
«Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres.»
Una frase sencilla, que podría resumir tu relato: «Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres.»
Las trampas que debes evitar
Exagerar. Embellecer un relato para impresionar daña su credibilidad. Una historia verdadera, con sus matices, toca más.
Ponerte en el centro. «Mirad qué bien oré» desvía la atención. El héroe del relato es Dios.
Generalizar. Una oración contestada para ti no significa que toda oración lo vaya a ser de la misma manera. Mantén la humildad.
Contárselo sin tacto a alguien que sufre. Si el otro lleva mucho tiempo esperando una respuesta, tu relato puede herirlo. Escucha primero, cuenta después si es oportuno.
Olvidar las respuestas «de otra manera». A veces la respuesta no es la que se esperaba. Puedes contar también esas: enseñan mucho.
Hoy, elige una oración contestada. Cuéntasela a alguien en cuatro tiempos: situación, oración, respuesta, lo que aprendiste.