Leer un salmo en voz alta, despacio, como una oración
Los salmos son poesía, y la poesía se saborea de otra manera que la prosa. Tiene un aliento, imágenes, un ritmo que no se percibe leyendo a toda velocidad en la cabeza. Esta misión te propone elegir un salmo corto y leerlo en voz alta, despacio, como una oración.
Cómo se ve en tu día
Estos son algunos consejos para que esta lectura sea un verdadero tiempo de oración:
- Elige un salmo corto, de seis a doce versículos. Los Salmos 1, 8, 23, 100, 121, 131 o 133 se prestan bien.
- Tómate tu tiempo. Pronuncia cada palabra. Haz una breve pausa al final de cada línea.
- Fíjate en el paralelismo. Es la gran particularidad de la poesía hebrea: una idea se dice dos veces, con palabras distintas. «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores»: las dos líneas dicen lo mismo en imagen. Cuando lo detectas, el salmo se abre.
- Respira. Un salmo leído demasiado deprisa deja sin aliento. Deja un silencio entre los versículos.
- Termina con un tiempo de silencio. Sin comentarios: escucha lo que queda.
Prueba con el primer salmo. Lees:
«BIENAVENTURADO el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Antes en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Y será como el árbol plantado junto á arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.»
En voz alta, oyes el contraste entre el hombre que anda, está y se sienta (tres movimientos que lo alejan poco a poco de Dios), y el que halla su delicia en la ley de Jehová y es como un árbol plantado junto a arroyos de aguas. La imagen es poderosa: el árbol no necesita hacer esfuerzos, simplemente está conectado a la fuente.
Si vas con prisa, un salmo de seis versículos se lee en un minuto. Si eres tímido, murmura. Si eres principiante, adopta el hábito de un solo salmo al día.
Lo que dice la Biblia
El primer salmo da la clave de la lectura oral:
«Antes en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.»
El verbo traducido por «meditar» significa, en hebreo, un murmullo: no se medita en silencio, se murmura el texto para uno mismo, en voz baja. El Salmo 1 presenta, pues, la meditación como una lectura a media voz, repetida, saboreada. De día y de noche: es una compañía constante.
El Salmo 119, más largo, vuelve sin cesar a este amor por la palabra (Salmos 119:97). Pablo invita a los creyentes a cantar «con salmos é himnos y canciones espirituales» (Colosenses 3:16): los salmos siempre han sido una oración vocal.
Las trampas que debes evitar
Leer demasiado deprisa. Un salmo está hecho para saborearse. Si has terminado en treinta segundos, empieza de nuevo más despacio.
Desafinar y detenerte. No tienes que cantar: leer basta. Si te vienen ganas de cantar, déjalas venir, sin juzgarte.
Adoptar un tono teatral. Nada de voz solemne ni de declamación. Lee con la voz que tienes cuando hablas con alguien a quien amas.
No escuchar. Es fácil leer pensando en otra cosa. Vuelve regularmente al sentido: «¿Qué acabo de decirle a Dios?»
Ignorar los salmos difíciles. Algunos expresan enfado o angustia. Puedes leerlos en voz alta como una manera de poner palabras a tu propio estado, ante Dios.
Hoy, lee en voz alta el Salmo 1, despacio. Luego deja un silencio.