Terminar una tarea pendiente: liberar el espacio que ocupa
El cajón que hay que ordenar desde marzo, el correo a medio escribir, el formulario por reenviar, la reparación prometida, el proyecto «casi acabado»: las tareas pendientes tienen un efecto discreto pero real. Ocupan sitio en la cabeza, recuerdan su existencia en el peor momento y alimentan una pequeña culpa de fondo. Esta misión te propone acabar una hoy.
Cómo se ve en tu día
Hacer el inventario. Tómate cinco minutos para anotar todas las cosas empezadas y nunca terminadas: no para abrumarte, sino para ver. Seguramente te sorprenderá el número.
Elegir una sola tarea. La buena candidata: una tarea que puedas terminar en menos de una hora, que te pese y cuyo final te alivie. Evita elegir la más grande o la más complicada.
Decidir un hueco. Fija una hora precisa: «Esta noche, de 19 h a 19:45.» Sin hueco, una tarea sigue pendiente.
Hacerla hasta el final. Sin perderte en la perfección: el objetivo es que quede terminada, no perfecta. Si es mayor de lo previsto, haz al menos el paso que permite cerrarla.
Saborear el final. Tacha, ordena, envía. Da gracias a Dios por la fuerza recibida. Observa lo que eso te produce.
Renunciar a las tareas muertas. Algunas tareas ya no tienen razón de ser. Táchalas de tu lista, con toda libertad, en vez de arrastrarlas.
Un consejo: empieza por el paso más pequeño, aunque sean cinco minutos. A menudo lo más difícil es ponerse.
Si vas con prisa, elige la tarea más corta de tu lista. Si eres tímido, este desafío es totalmente personal. Si eres de los que lo empiezan todo, es la ocasión de entrenarte en acabar.
Lo que dice la Biblia
El libro de Eclesiastés da una consigna de sencillez:
«Todo lo que te viniere á la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.»
«Todo lo que te viniere á la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas»: no lo aplaces, no lo hagas a medias. El libro de Proverbios describe la diferencia entre el perezoso y el diligente:
«Desea, y nada alcanza el alma del perezoso: mas el alma de los diligentes será engordada.»
El perezoso desea y nada alcanza, porque no llega hasta el final. Jesús, por su parte, habla de quienes empiezan sin poder terminar:
«Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla? Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él, Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.»
Un hombre que quiere edificar una torre debe contar primero si tiene lo que necesita para acabarla, o se burlarán de él. Esto no invita a no empezar nunca, sino a empezar con realismo y luego terminar.
Las trampas que debes evitar
Buscar la perfección. Muchas tareas quedan pendientes porque se quieren hacer perfectas. Una tarea terminada al 90 % vale más que una tarea perfecta nunca acabada.
Juzgarte con severidad. Tener tareas pendientes no te hace mala persona. Es la condición de la mayoría de nosotros.
Elegir una tarea demasiado pesada. Si te lanzas a la más grande, corres el riesgo de abandonar. Empieza por algo pequeño.
Dispersarte. Una sola tarea hoy. Las demás esperarán.
Olvidar invitar a Dios. Pídele la fuerza para empezar, la paciencia para continuar, la alegría de terminar.
Hoy, elige una tarea pendiente. Fija un hueco y termínala.