Caminar veinte minutos orando: el cuerpo como templo
Nuestro cuerpo pasa mucho tiempo sentado, y nuestra mente mucho tiempo agitada. Caminar reúne ambos: aquieta el cuerpo, libera la mente. Esta misión te propone transformarlo en oración: veinte minutos de caminata, sin auriculares, hablando con Dios.
Cómo se ve en tu día
Elegir un itinerario. Un recorrido sencillo, de preferencia tranquilo: un parque, un camino, una calle apacible. Sin obstáculos, sin mucho tráfico.
Guardar los auriculares. Es la condición del ejercicio: deja que los sonidos del entorno lleguen a ti, y deja que Dios ponga en ellos su voz.
Empezar por un ritmo. Los cinco primeros minutos, concéntrate en la respiración y en los pasos. Deja que el cuerpo se relaje.
Hablar con Dios en voz baja o en tu cabeza. Algunas maneras de orar caminando:
- Contar tu día como a un amigo que camina a tu lado.
- Dar gracias por lo que ves: el cielo, los árboles, los rostros.
- Presentar personas: a cada paso, un nombre.
- Decir un versículo al ritmo de los pasos.
- Callar y escuchar los sonidos: pájaros, viento, pasos.
Volver al presente. Si tus pensamientos se van volando, tráelos de vuelta a tus pasos, a lo que ves, a lo que le dices a Dios.
Terminar con un gracias. Al llegar, unas palabras de gratitud.
Esta práctica es muy antigua: muchos creyentes han orado caminando. El movimiento ayuda a la mente a calmarse, y la naturaleza a abrir el corazón.
Si vas con prisa, veinte minutos pueden salir de la pausa del mediodía o del trayecto. Si eres tímido, nadie sabe que oras. Si te cuesta caminar, siéntate fuera veinte minutos.
Lo que dice la Biblia
Pablo recuerda la dignidad del cuerpo:
«¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.»
«Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo»: el cuerpo no es un obstáculo para la vida espiritual, es su lugar. Orar caminando hace participar al cuerpo en la oración. Desde las primeras páginas de la Biblia, el propio Dios se presenta como quien camina:
«Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día: y escondióse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.»
Jehová Dios se paseaba en el huerto al aire del día: un Dios que pasea con sus criaturas. Jesús caminó durante su ministerio, habló por el camino con sus discípulos (Lucas 24:15), y la Escritura presenta la vida de fe como una caminata: Enoc «caminó con Dios» (Génesis 5:24).
Las trampas que debes evitar
Caminar pensando en todo menos en Dios. Si tu mente se escapa, vuelve con suavidad. No es un fracaso.
Convertir la caminata en una proeza deportiva. Veinte minutos de oración caminando no son un entrenamiento. Busca la calma.
Descuidar la seguridad. Está atento al tráfico y a tu entorno. Orar no te dispensa de mirar por dónde vas.
Limitarte a la petición. Alterna agradecimiento, alabanza, silencio, intercesión.
Abandonar con mal tiempo. Una caminata bajo la lluvia puede ser muy hermosa en oración. Vístete en consecuencia.
Hoy, camina veinte minutos sin auriculares. Habla con Dios por el camino.